sábado, 17 de septiembre de 2011

OCTUBRE, Sergéi M. Eisenstein (1928) [7,8/10]

Con motivo del décimo aniversario de la gloriosa revolución socialista que el proletariado de Rusia llevó a cabo en octubre de 1917, Sergéi M. Eisenstein, autor de la emblemática El acorazado Potemkin, dirigió Octubre, un filme que, rozando el género documental, muestra una acertada cronología de los hechos a partir de la Revolución de Febrero que derrocó al Zar para colocar un gobierno provisional dirigido por Kerenski.


En la película aparecen algunos de los bolcheviques más importantes de aquella revolución, como son Lenin, Trotski o Stalin, y en ella el director muestra imágenes tan estremecedoras como emocionantes.


Con el característico montaje que ha hecho del cine soviético en general, y el de Eisenstein en particular, una fructífera fuente de estudio, en Octubre se dirigen y manipulan con excelente facilidad las emociones del espectador para situarlas del lado de los revolucionarios bolcheviques. La alternancia de planos para generar una tercera idea (algo que se conoció como el “montaje de las atracciones”) logra el efecto que se propone, a pesar de que, evidentemente, la mirada del espectador de hoy está muy evolucionada con respecto a la del espectador de finales de los años veinte, y la propaganda ya no es tan efectiva. También es cierto que el espectador se ha ido haciendo más desconfiado con el tiempo, pero sea como sea, nada impide disfrutar de esta obra maestra de uno de los directores más importantes de la Historia del Cine.

martes, 13 de septiembre de 2011

LA FORTALEZA ESCONDIDA, Akira Kurosawa (1958) [7,3/10]

Es de sobra conocido que esta película de Kurosawa sirvió de inspiración a George Lucas para realizar la mitiquísima saga de Star Wars. Pero yo diría que incluso pudo influir en otras muchas películas del género de aventuras de la época, como por ejemplo las de Indiana Jones.


La fortaleza escondida tiene un ritmo ascendente, te va atrapando poco a poco, haciéndose con el tiempo más y más entretenida gracias, en parte, a los graciosos gags visuales de los que hace gala.


Además, la música de Masaru Sato acompaña la acción magistralmente, lo cual, sumado a la brillante puesta en escena del director japonés, constituye una deliciosa película muy agradable de ver.


En La fortaleza escondida, Kurosawa nos habla de la codicia entre los hombres y sus consecuencias: pequeñas peleas entre hermanos y grandes guerras entre pueblos, y con un final prácticamente igual que el de Rahomon (el no haber visto más películas del director me impide señalar si esto es una constante en su cine), la película resulta ser una especie de cuento moral de necesario visionado.


viernes, 9 de septiembre de 2011

LA PIEL QUE HABITO, Pedro Almodóvar (2011) [7,2/10]


Uno de los acontecimientos más sonados que suceden en la vida de todo español tiene lugar cuando Pedro Almodóvar se dispone a estrenar su última obra maestra. O bien la esperas con los brazos abiertos o bien te pones a despotricar contra el director manchego y su cine posmoderno, pero los prejuicios se pegan a ti y no te sueltan hasta que terminas de ver la película, y entonces ya te puedes formar una opinión. Respecto a La piel que habito, yo me la esperaba peor de lo que luego me he encontrado en la sala de cine.

Basada en una novela de Thierry Jonquet, la película cuenta con una curiosa estructuración del guión. Hay momentos en los que uno tiene la sensación de estar viendo una película distinta a la que han empezado a contarle en un principio, y acaba por hacerse un pelín larga.

El melodramatismo tan característico de Almodóvar volverá a ahuyentar a los habituales detractores del director, y hará que los actores suenen demasiado falsos, siendo que ninguno de ellos destaca en absoluto.

Llevando el síndrome de Estocolmo a su máxima expresión, La piel que habito habla de la venganza, del rencor y de la relación existente entre ambos, salpicando la escalofriante trama con esos temas tan habituales en el cine de Almodóvar que ya hace tiempo se convirtieron en su seña de identidad: las mujeres, lo erótico y lo homosexual.

Hay momentos en los que creo que me debería reír ¿o quizá no? No lo sé, pero el caso es que no lo hago, no tiene la más mínima gracia aquello que estoy viendo, pero no porque me parezca emotivo, profundo o serio, sino porque no me genera ni pizca de empatía, sólo indiferencia.

Lamentándolo mucho, la música de Alberto Iglesias llega a molestarme, aunque la fotografía y la puesta en escena hacen que disfrute de la película después de todo. Una película aceptable que el director sabe salvar en su última escena, demostrando que, podrá gustar más o menos, pero no cabe duda de que es un buen director y uno de los más importantes de este país.


lunes, 5 de septiembre de 2011

SUPER 8, J. J. Abrams (2011) [7,6/10]

Tras haber logrado que gran parte de los espectadores de todo el mundo acaben echando espuma por la boca después de haber visto el final de Perdidos, J. J. Abrams vuelve al cine apadrinado por Spielberg con Super 8, una bonita película en la que ambos han decidido hacerse un homenaje a sí mismos.

Es imposible no ver la semilla del director de E.T., el extraterrestre y Encuentros en la tercera fase en esta película de J. J. Abrams: en su atmósfera, en sus luces, en sus personajes, en su ambientación, en su pulso. Abrams se postula con toda su fuerza como uno de los candidatos a ocupar ese puesto de realizador de películas palomiteras y de simple divertimento, pero buenas hasta la médula.

Super 8 se parece en cierto sentido a aquel otro experimento cinematográfico dirigido por su amigo Matt Reeves y en el que J. J. Abrams también estuvo involucrado, Monstruoso. De nuevo, el caos irrumpe en la tranquilidad y cotidianeidad de una población para tocar las pelotas y regalarnos dos horas de entretenimiento puro y duro.

En el caso de Super 8 la historia se centra en un grupo de chavales con madera de cineastas (evidente referencia autobiográfica tanto de Spielberg como de Abrams) que, una noche de verano, presencian un accidente de tren, desencadenándose toda una suerte de peligros a lo largo y ancho del pueblo en el que viven.

Aparte de la aparentemente superficial trama principal, es sumamente precioso y emotivo el tratamiento que el director realiza de las relaciones paternofiliales, a lo cual ha ayudado tanto la interpretación de los actores (ninguno chirría, todos están a la altura) como la solidez de los personajes (obra del propio Abrams, cuyo guión mantiene el ritmo a lo largo de todo el metraje y no se hace aburrido ni un solo momento).

Super 8 es una entretenidísima película que uno disfruta muchísimo al verla, queriendo volver a esa etapa de pre-adolescencia en la que fumabas cigarrillos a escondidas y las chicas de clase, de repente, te atraían.

jueves, 1 de septiembre de 2011

BIG FISH, Tim Burton (2003) [9,2/10]


Uno de los aspectos que más valoro en un director de cine es que, con sólo ver un fotograma de alguna de sus películas, reconozca su autoría. Esto pasa, por ejemplo, con Bergman, aunque directores más actuales como Tarantino también se han creado su universo propio y se han hecho dueños de un estilo que es inconfundiblemente suyo y solo suyo. Otro de esos directores con universo propio, el cual puede gustar más o menos pero es único, es Tim Burton, caracterizado por una triste tendencia hacia lo oscuro y tétrico claramente influenciada por el Expresionismo Alemán. A mí, personalmente, el universo que me propone Burton no termina de engancharme, pero el otro día ví por primera vez Big Fish y casi tuve que contener alguna lagrimilla.

Supongo que no estaré diciendo ninguna locura si digo que es la mejor película que ha hecho Tim Burton en su vida, porque Big Fish me ha conmovido sobremanera. La historia nos sitúa ante un hombre (Albert Finney) al borde de su muerte y el hartazgo que siente su hijo (Billy Crudup) a causa de la puñetera manía de su padre de estar continuamente contando historietas y su aparente incapacidad para distinguir la realidad de la ficción.

Así, Tim Burton nos propone una preciosa película acerca del arte de contar historias y de la importancia que éstas tienen en nuestras vidas, del hambre de ficción que padece el ser humano y de la inmortalidad que adquiere aquello de lo que siempre se está hablando. Con un guión de John August basado en una novela de Daniel Wallace, Tim Burton rompe una lanza en favor de la fantasía como instrumento para hacer de nuestra vida algo bello y digno de ser vivido.

La realización de Big Fish es fácil, apta para todos los públicos y, como señalábamos más arriba, con una atmósfera firmada por Burton en la que cabría destacar la genial separación que Philippe Rousselot, el director de fotografía, consigue entre el mundo real y las historietas a modo de flashbacks que cuenta el personaje interpretado por Albert Finney, las cuales se acercan a lo onírico.

Pero lo más bonito de Big Fish es su frescura y la alegría que transmite. Big Fish da la sensación de haber sido realizada en total libertad, haciendo el director lo que verdaderamente quería hacer y diciendo exactamente lo que quería decir.


domingo, 28 de agosto de 2011

EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS, Rupert Wyatt (2011) [7,1/10]

Una de las sorpresas que este verano ha traído consigo en lo que a cinematografía se refiere ha venido representada por El origen del planeta de los simios, de Rupert Wyatt; película que vuelve a traer a la palestra aquella terrible historia llevada al cine por Franklin J. Schaffner para preguntarse cómo y por qué pudieron los simios hacerse con el poder.


Con unos personajes ligeramente planos y bastante maniqueos, la película invita a reflexionar en torno a la idea de ser diferente y reconocerse como tal en una sociedad. Uno de los fuertes de la cinta dirigida por Wyatt es el haber mostrado el lado más humano de los simios, no sólo en lo que a apariencia física se refiere (la tecnología, a día de hoy, hace maravillas), sino en cuanto a sentimientos como la solidaridad o la pena.

Como ya decimos, el guión flojea en la construcción de personajes, y la relación entre James Franco y Freida Pinto no se la cree ni Dios; pero da igual, porque lo que cuenta es la relación con César (Andy Serkis), el simio líder, y la suerte que correrá junto con sus compañeros en su cruzada contra el ser humano. La película tiene un momentazo que no me resisto a comentar, que es cuando César le espeta un atronador "¡NO!" a su cuidador-maltratador. ¿Acaso existe una palabra mejor que ésa para reflejar la idea de Revolución?

El origen del planeta de los simios es una película muy entretenida, y prueba de ello es que uno no quiere que se acabe, deja con ganas de más. Lo que sí le achacaría es el excesivo uso del ordenador para seguir a los monos en su movimiento por el espacio, que a veces se nota demasiado por generar movimientos en absoluto necesarios para la narración.

miércoles, 24 de agosto de 2011

PEQUEÑA MISS SUNSHINE, Jonathan Dayton y Valerie Faris (2006) [7,7/10]

Una de las sorpresas que trajo la primera década del nuevo siglo fue Pequeña Miss Sunshine, cuyo guión, obra del genial Michael Arndt (autor de Toy Story 3), bien mereció el Óscar al mejor guión original en 2006.


Dirigida por Jonathan Dayton y Valerie Faris, ambos realizadores procedentes de la televisión y debutantes en el celuloide con esta película, Pequeña Miss Sunshine habla a favor de la sencillez y en contra de la pomposidad, la artificialidad y el snobismo.

El argumento gira en torno al viaje que una peculiar familia realiza para que la niña de la casa pueda participar en un concurso de belleza infantil.

Uno de los aspectos más interesantes del guión de Arndt es la forma que tiene de jugar con los contrastes, lo que otorga a sus personajes una personalidad y una solidez que hacen funcionar a la película de manera absolutamente majestuosa. Que el padre, por ejemplo, sea un fracasado que pretende ganarse la vida con libros de autoayuda para alcanzar el éxito, o que el abuelo sea un drogadicto vivalavirgen que, sin embargo, sabe muy bien qué es lo mejor para su nieta; son sólo algunos de los elementos que hacen que Pequeña Miss Sunshine funcione con la precisión de un reloj suizo.

Con un interesante discurso elegantemente camuflado entre una trama aparentemente superficial, la película alberga momentos realmente divertidos y los alterna con otros más profundos, haciendo de Pequeña Miss Sunshine una película cuanto menos interesante y una de las apuestas más interesantes del cine independiente norteamericano que se recuerdan de los últimos años.

domingo, 21 de agosto de 2011

CONAN, EL BÁRBARO, Marcus Nispel (2011) [4,4/10]

Conan, el bárbaro, de Marcus Nispel, es una película que deja mucho que desear, que se reduce a un puñado de luchas, destrucciones y violencia, aunque sin duda la mayor catástrofe de esta mierda de película es su guión, horripilante hasta la médula.


No hay ni un solo personaje carismático en toda la puñetera peli, y sus “diálogos” consisten principalmente en gritos y gruñidos más propios de bestias que de hombres. Pero claro, es que Conan es bárbaro.


Tampoco existen en esta obra de Nispel esas gracietas que tan bien quedan en las películas de acción de este tipo, y los personajes, por mucho 3D que tengan metido, son planos hasta la extenuación.


Por otra parte, se ha optado por un montaje demasiado picado, hasta el punto de costar sangre, sudor y lágrimas leer el fotograma al completo, y no digamos ya si contamos con unas gafas para visión tridimensional, cuyos cristales oscuros entorpecen más que ayudan.


Siendo, de todas formas, la segunda mitad menos mala que la primera, la película da la sensación de tener velocidad pero no conocer siquiera el significado de la palabra “ritmo”. ¿Cómo es posible que un montón de escenas de acción, explosiones, sangre y villanos saltando por los aires sea algo aburrido? Pues Nispel lo ha logrado, haciéndome emitir los más sonoros de mis bostezos, únicamente silenciados por los berridos que pegaba Conan el bárbaro cada diez segundos de metraje.


Es triste, pero la película no vale ni como peli palomitera. El vestuario y el maquillaje se pueden salvar de la quema, pero todo lo demás, a la hoguera con ello.

viernes, 19 de agosto de 2011

STYLISH BLOGGER AWARD




Me comunican Isak Borg, autor del blog El amor después de mediodía; y Rafa Morata, autor de Parcelas de cine y todo un experto en Fassbinder, que he sido premiado con un Stylish Blogger Award, un premio simbólico que pretende reconocer la calidad de los blogs así como dar a conocer a los demás blogueros, creando una red de blogs interconectados.

Debo, además, nominar yo a siete blogs y concederle el codiciado premio a uno (o varios) de ellos, para posteriormente pasar a contar siete anécdotas que me hayan ocurrido y que de alguna u otra forma estén relacionadas con el cine.

Antes de nada, sí me gustaría agradecer de corazón a Isak Borg y a Rafa Morata su decisión de premiar a Huele a palomitas, un pequeño habitáculo virtual que con el tiempo se va convirtiendo en una suerte de templo del gafapastismo audiovisual, y al que siempre estarán invitados para dejar sus comentarios e impresiones.

Sin más, paso a mencionar los siete blogs:

- El amor después de mediodía, por la pasión por el cine que transmite en cada una de sus líneas.

- Crítico de bolsillo, por su sinceridad y su afán por conocer.

- Misión de audaces, por ser uno de los que me inspiró para lanzarme yo también a escribir un blog.

- I’m Mr. Kaplan, por su originalidad y su diseño.

- Parcelas de cine, por su personalidad y su universo propio.

- Cinema Paradiso, por sus programas y su formato.

- El cine según TFV, por la cantidad de datos que alberga en sus páginas.

Y ahora, las siete anécdotas:



- Era una reposición de Bambi, a principios de los noventa, y creo que fue la primera película que mi hermano veía en el cine. El caso es que cuando la película iba a empezar y las luces se apagaron, mi hermano de dos años y pico, con su lógica aplastante, gritó: “¡No apaguéis las luces, que no vemos!”.

- Celebraba mi cumpleaños, y para ello fuimos al cine a ver El guerrero número trece. Uno de mis amigos se estaba meando, hasta el punto de no poder aguantar más, y para cuando consiguió salir del patio de butacas sorteando a duras penas las rodillas de los espectadores ya era demasiado tarde: se lo hizo encima. Lo peor es que en los pantalones llevaba un chicle que más tarde dio desinteresadamentre a otro chaval. No me quiero ni imaginar a qué sabía.

- Yo puedo decir que he visto a la Duquesa de Alba en el cine. Fue en los Yelmo de la plaza de Jacinto Benavente, en Madrid. La película era Última llamada.

- La entrevista que hice como trabajo para la facultad a Javier Ocaña, crítico de cine de El País, así como el curso impartido por él a cuyas clases acudí muy gustosamente.

- Ir andando por la Gran Manzana con mi madre y mis hermanos y cruzarnos con Peter Coyote. Juro que no estoy de coña, era él.

- No se me ocurre una sexta anécdota.

- La última anécdota no la puedo contar aquí, pero para que el personal se haga una idea, tiene que ver con novia y sala de cine vacía. La película era Paisito.


Gracias a todo aquél que ha invertido parte de su tiempo en leer algo de lo que hay publicado aquí. Gracias por enseñarme y por hacer que el cine me guste cada día más.


martes, 16 de agosto de 2011

BILLY ELLIOT, Stephen Daldry (2000) [7,2/10]

Stephen Daldry debutó en el cine con Billy Elliot, una preciosa historia escrita por Lee Hall acerca de aceptarse a uno mismo y a los de nuestro alrededor. El escenario, al igual que en muchos otros dramas sociales como Full Monty, vuelve a ser la Inglaterra de Tatcher, sacudida por sus políticas neoliberales y plagada de conflictividad social. En el condado de Durham, un chaval llamado Billy Elliot (Jaime Bell) no es demasiado hábil con los puños para dedicarse al boxeo, pero parece que, por el contrario, lo que sí se le da estupendamente es el ballet. En medio de la preocupación de su familia por el camino que ha decidido tomar el chico, Billy se esforzará día a día por llegar lejos haciendo lo que mejor sabe y, lo más importante, lo que más le gusta.


El hecho de que el hermano y el padre de Billy, ambos mineros de profesión, estén metidos en pleno conflicto laboral, invita al espectador a reflexionar hasta qué punto estaría uno dispuesto a defender sus principios y convicciones si está en juego la felicidad de nuestros seres queridos.


Como no podía ser de otra forma en una película que tiene la danza como trasfondo, la banda sonora de Billy Elliot está plagada de temazos que animan todos y cada uno de ellos a mover el esqueleto, y salir calle abajo, como hacía Billy, bailando y corriendo, disfrutando. Porque ese es otro de los pilares sobre los que se asienta Billy Elliot: la importancia de hacer con nuestra vida lo que nosotros queremos, y no permitir que sean los demás quienes la dirijan.

viernes, 12 de agosto de 2011

EL FUEGO FATUO, Louis Malle (1963) [7/10]



Una de las películas más importantes de la Nouvelle Vague, aquella corriente cinematográfica que, influida por el neorrealismo italiano, vino a darse a finales de la década de los 50’ en Francia y que acabó por extenderse por toda Europa en forma de los llamados “nuevos cines”; una de las películas más representativas de estas nuevas olas, decimos, es El fuego fatuo, de Louis Malle.
En ella el director dirige un acertado golpe al corazón de la sociedad burguesa de principios de los 60’, plagada de nuevos ricos etnocentristas y snobs ególatras. Nos encontramos ante el viaje que Alain Leroy (Maurice Ronet) realiza por su pasado, visitando a sus antiguos amigos, camaradas y ligues, todos ellos ya maduros y casi peinando canas, algo que él parece incapaz de hacer, madurar.
Uno de los aciertos de Malle a la hora de afrontar la realización de El fuego fatuo es su negativa a irlo explicando todo conforme los acontecimientos van teniendo lugar. Así, deja que sea el espectador el que, por su propio pie, decida entrar en el universo interior de Leroy, identificarse o no con él, y participar de la experiencia que el director le propone.
El fuego fatuo constituye una reflexión y una invitación al debate en torno al cambio generacional, cuando ya se deja de ser joven e idealista y uno se da de bruces contra el muro de la realidad y de la hipoteca a pagar. Y ya no quedan ahí ni los camaradas, ni los amores, ni los amigos. Solo la soledad.


lunes, 8 de agosto de 2011

FUNNY GAMES, Michael Haneke (1997) [9,5/10]

Funny Games, de Michael Haneke, es una de las películas que más me ha afectado desde que me llevo interesando por el cine. Mucha gente de mi entorno la conocía y me hablaban de ella, me enseñaron algunas escenas, y lo que definitivamente me atrapó de ella fue su frialdad a la hora de tratar un tema como el de la violencia.


Funny Games presenta a dos jóvenes que se meten en la casa de una familia más o menos acomodada y les torturan por diversión. Así, Michael Haneke hace lo que mejor sabe: hablar de violencia haciendo añicos la arquetípica familia occidental, poniendo especial atención al papel que los medios de comunicación desempeñan en su tratamiento, convirtiendo al ciudadano-espectador en una suerte de voyeur morboso que, aunque sea desagradable, no puede evitar mirar lo violento que ocurre ante sus ojos. Es ese pequeño y ligero placer que nos proporciona la violencia.


De nuevo, Haneke vuelve a dejar claro que esa película es suya, no sólo en el tema, que como ya decimos es muy habitual en él; sino también en su técnica a la hora de contar la historia; no sólo en el contenido, sino también en la forma. Planos largos, eternos, crudamente realistas son los que nos regala el director austriaco, generando una atmósfera opresiva y maloliente, desagradable en cualquier caso, pero morbosamente placentera. El espectador-voyeur es partícipe más que nunca de la acción que transcurre ante él.
Uno de los recursos que mejor le funcionan al director en esta película es el uso de los contrastes. ¿Cómo nos imaginamos nosotros a unos asaltantes de viviendas que torturan a sus inquilinos? Pues violentos, gritones, nerviosos, amenazadores, en definitiva, malos. ¿Pero qué ocurre en Funny Games? Ocurre que Paul y Peter son dos de las personas más educadas que jamás se hayan visto en una pantalla, y es eso lo que da verdadero pavor al espectador, que está asistiendo a una contradicción tan insalvable que todos sus esquemas interiores se descolocan, y se vuelve excesivamente vulnerable ante las imágenes que visiona, resultando Funny Games toda una tortura para aquellos que sienten y padecen por las injusticias sufridas por los demás. En este sentido, conviene fijarse en el inmediato inicio de la película: música clásica, ¿y a continuación? La paz y la tranquilidad que se respiraba bajo las notas de Haendel son rasgadas de arriba a abajo por la música endiablada de un grupo de punk costroso a más no poder. Ello supone una de las formas más elegantes y originales de introducir al espectador en lo que va a ver durante la próxima hora y media.


Funny Games es fría como el polo norte, no se permite el menor grado de humanidad. El director no muestra la menor empatía para con la familia, y eso nos duele, y a la vez hace de la película algo majestuoso. Incluso afecta más en un segundo visionado.

jueves, 4 de agosto de 2011

NI NOCHE CON MAUD, Éric Rohmer (1969) [4,5/10]

Mi noche con Maud, de Éric Rohmer, cuenta la historia de un hombre católico (Jean-Louis Trintignant) que pasa una noche con Maud (Françoise Fabian), una amiga de un amigo; quien le ayuda a reflexionar y a tomar un importante decisión en su vida.


Salta a la vista que la película está realizada por un buen director, conocedor del oficio, y que ha puesto todo su empeño en hacer algo bastante aceptable. La realización, la fotografía y en general la puesta en escena denotan calidad, por lo que la película puede gustar más o menos, pero ahí ya únicamente intervendría la subjetividad del espectador.


En mi caso, quizá esté loco, pero creo que esta obra de Rohmer, una de las más importantes de la Nouvelle vague, es un coñazo bastante importante y digno de tener en cuenta.
De acuerdo, puede que la importancia, la esencia de la película, resida en sus diálogos acerca de Pascal, el matrimonio y el catolicismo, pero, llámenme banal, para eso me leo un libro. El cine, antes que diálogos, es movimiento, es acción (aunque sea interior), y una película que únicamente muestra a dos personas divagando acerca de temas interesantísimos deja mucho que desear en ese sentido.


La película parece querer hacer hincapié en esa sensación que tienen los verdaderos enamorados de que su relación es la definitiva, que todas las anteriores ya no importan, porque ésta y sólo ésta es la verdadera. Es algo así lo que le pasa a Jean-Louis en su noche con Maud.