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lunes, 3 de octubre de 2011

APOCALYPSE NOW, Francis Ford Coppola (1979) [8/10]

Basándose en El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, en 1979 Francis Ford Coppola estrenó su particular descenso a los infiernos con uno de los filmes más emblemáticos de todos los tiempos, Apocalypse Now.


La película es un original alegato antibelicista que retrata la crudeza y el horror de la guerra como pocas películas lo han hecho a lo largo de la Historia del cine. Podemos ver en Apocalypse Now cómo enloquece cada personaje ante la catástrofe que supone la Guerra de Vietnam, icono de la derrota del todopoderoso Tío Sam y uno de los capítulos más tristes de su historia.


El reparto está encabezado por Martin Sheen, que interpreta a un soldado a quien se le asigna la misión de encontrar al desertor coronel Kurtz (Marlon Brando) y matarlo. Así, descenderá al infierno que supone adentrarse en la peligrosa jungla, donde el temible Vietcong le aguarda sigilosamente.
Uno de los aspectos más dignos de alabar de la película es la atmósfera lograda gracias a esa tensa tranquilidad que transmite por momentos con ese ritmo tan pausado y a la efectiva fotografía de Vittorio Storaro, la cual bien le mereció el Óscar.
También son dignos de mencionar, por un lado, el papel de Robert Duvall, tan hilarante por su comportamiento como triste por su reflejo de lo que la guerra hace con un hombre; como, por otro, la escena inicial, que, irónicamente acompañada por The End de The Doors, constituye uno de los inicios más impactantes de todos los tiempos.


Es sabido que el rodaje de Apocalypse Now fue una locura sin precedentes en Hollywood, pero, a pesar de todo, la película puede presumir de contar a lo largo de su extensísimo metraje con algunas de las escenas más famosas de la Historia del séptimo arte, como por ejemplo esa bandada de helicópteros envuelta en la partitura de Wagner.

jueves, 30 de junio de 2011

EL PADRINO II, Francis Ford Coppola (1974) [9,4/10]

En 1974 Francis Ford Coppola volvió a hacer la mejor película de la Historia del Cine, la otra joya de la corona, la segunda parte de aquella obra maestra que sólo dos años antes había marcado un antes y un después en la Historia del Séptimo Arte, El Padrino.
En El Padrino II Coppola vuelve a basarse en la novela de Mario Puzo para contar, por un lado, la historia de Vito Corleone (Robert de Niro), sus orígenes y cómo fue ascendiendo poco a poco en la escala de la vida hasta convertirse en uno de los capos más influyentes de Norteamérica; y por otro, cómo su hijo Michael (Al Pacino) agarra el timón de la familia Corleone en un contexto en el que parece que el Imperio se viene abajo, y la familia empieza a peligrar. Las traiciones acechan, y cualquiera, aunque sea de dentro, puede venderse al mejor postor.
Es clara en esta segunda entrega la evolución que con respecto a la primera parte experimenta el personaje de Michael Corleone. Nos encontramos en El Padrino II con un Michael más maduro, más sólido y duro, quizá más terrorífico. Cada una de sus palabras corta el aire como un afiladísimo cuchillo, logrando Pacino generar una tensión que se mantiene incólume a lo largo de las más de tres horas que dura el filme.
Al igual que ya hiciera la primera parte, El Padrino II explica la sociedad en la que vivimos, explica cómo funciona el mundo de los negocios, cómo se asciende en la vida y quiénes lo hacen, cómo se relacionan las instituciones estatales con el crimen organizado y la importancia que tienen para el ser humano valores como la lealtad, la confianza, el honor o la venganza. En este sentido, la forma en la que Coppola retrata la relación entre don Vito Corleone y su hijo Michael sólo puede ser catalogada como una de las más tiernas y emocionantes de todos los tiempos, así como es destacable la importancia que adquiere la institución familiar en la trilogía entera de El Padrino.
Como apunte, y al hilo de lo que comentábamos de que El Padrino explica la sociedad, no puedo dejar de encontrar un tímido doble sentido en la escena de El Padrino II en la que, en el apartamento de Hyman Roth (Lee Strasberg) en La Habana, los diferentes jefes de las más grandes compañías norteamericanas se reparten una tarta en la que puede apreciarse un mapa de la isla de Cuba.

jueves, 17 de junio de 2010

EL PADRINO, Francis Ford Coppola (1972) [9,5/10]

Si el cine fuese una religión esta película sería Dios. Si el cine fuese un Estado totalitario esta película sería el dictador. Si el cine fuese una familia esta película sería el padre. Y si el cine fuese lo que es, cine, esta película sería El Padrino.
El Padrino, basada en la novela homónima de Mario Puzo, no es sólo una película; El Padrino es filosofía de vida. Nadie puede morir sin haberse pasado tres horas frente al televisor sumergido en esta obra maestra de Francis Ford Coppola, no sólo su mejor película (lo cual es evidente), sino una de las mejores películas de toda la Historia del Cine, si no la mejor.
Recuerdo que, de pequeño, gente de mi entorno, tíos, abuelos y demás familiares, hablaban de esta película que “no era para mayores”, pero que era necesario que algún día viese, “cuando tengas edad para verla”. La ví hace cuatro años y me dejó alucinado, pero recientemente la he vuelto a ver y he tenido la oportunidad de disfrutarla muchísimo más.
En la Nueva York de los años 40’ un capo llamado Sollozzo (Al Lettieri) ofrece a la familia Corleone participar en el negocio de los narcóticos, a lo que Vito (Marlon Brando), el padre, se niega por no ser un negocio lo suficientemente limpio. Esto desemboca en una guerra entre familias que tiñe de rojo la ciudad, donde chantajes, traiciones y extorsiones se suceden dando forma a una de las historias más conmovedoras de todo el siglo XX.
El Padrino alberga en sus casi tres horas de metraje escenas que pasarán a la posteridad, como esa de don Corleone acariciando a su gato al inicio de la película, o esa en la que Carlo (Gianni Russo) “insulta a la inteligencia” de Michael (Al Pacino). Del mismo modo, nos topamos con diálogos que han quedado inmortalizados hasta el punto de haber pasado a formar parte de nuestro vocabulario habitual. Así, no es raro escuchar en nuestro quehacer diario cosas como “le haré una oferta que no podrá rechazar”, “no es nada personal; son los negocios”. También son destacables esas reflexiones del tipo “ten cerca a tus amigos, pero ten aún más cerca a tus enemigos”.
Al igual que en muchas otras películas que han sido tratadas en este blog, El Padrino muestra cómo funciona el mercado en estado puro. Se trata de acaparar mercado para que la competencia no nos desbanque, y si tenemos que cargarnos a la competencia pues nos la cargamos. Pero no será por nada personal, sino por negocios. De hecho, hay un momento en el que Clemenza (Richard Castellano), uno de mis personajes favoritos de la película, explica a Michael que eso de las guerras entre familias es algo que pasa cada cinco o seis años, es algo cíclico, como las crisis del capitalismo.
Con un reparto inmejorable, destaca, cómo no, evidentemente, Marlon Brando. Ni Al Pacino en Scarface, ni Robert de Niro en Los intocables de Elliot Ness; “El mafioso por excelencia” es él y ninguno otro, es Marlon Brando. Vito Corleone siempre será el Don.