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sábado, 15 de octubre de 2011

LA VERGÜENZA, Ingmar Bergman (1968) [7,4/10]

Habiendo sido Bergman muy criticado por no mojarse en política, en 1968 dirigió una película que, quizá, sirvió para cerrar la boca a más de un bocazas, regalándonos una de las obras más duras de su carrera cinematográfica, La vergüenza, protagonizada por dos gigantes de su cine, como son Max von Sydow y Liv Ullman.
La vergüenza nos habla de las consecuencias que la guerra trae consigo y la manera en que éstas afectan al ser humano. Para ello, Bergman centra su historia en un matrimonio de músicos que se ve tristemente golpeado por la contienda bélica, lo cual, y de nuevo vuelve una de las constantes en el cine de Bergman, afecta a su matrimonio además de a sus vidas propias. El director sueco aprovecha para hablarnos de las relaciones interpersonales de pareja, de los celos, de la confianza y de las infidelidades, de cómo la guerra saca lo peor de nosotros, incluso contra la gente a la que más amamos.
Esta película muestra algo que, por desgracia, en España conocemos al dedillo, y es cómo la guerra es capaz de separar lo inseparable: hermanos, amigos, parejas. La irracionalidad de la guerra no conoce límites, y arrasa con todo, no dejando títere con cabeza a su paso.
Llama la atención también la crítica que puede entreverse hacia los medios de comunicación y su tendencia a espectacularizar la muerte, sirviendo en muchos casos de coartada para justificar toda suerte de matanzas y barbaries.
La realización se caracteriza por unos planos largos que, en ocasiones, pueden llegar a ser secuencia, y en la que, lógicamente, no hay música. ¿Cómo si no iba a tratarse la muerte de un par de ex-músicos de orquesta?

lunes, 17 de enero de 2011

FANNY Y ALEXANDER, Ingmar Bergman (1982) [7,5/10]

Que Ingmar Bergman es uno de los autores cinematográficos que introduce de forma más patente su visión subjetiva en cada uno de sus filmes es algo sobradamente conocido a estas alturas de la película. En el caso de Fanny y Alexander, la última obra del genio para la gran pantalla (aunque seguiría realizando trabajos para la televisión y el teatro), la identificación del director con el personaje es tal, que no andaríamos mal encaminados si afirmásemos que dicho film es el más personal y autobiográfico del maestro sueco.

Escrita por él mismo, Fanny y Alexander nos traslada a la Suecia de principios de siglo, en un ambiente de alta sociedad al que da vida una familia dedicada por completo al teatro. Tras la muerte de su padre (Allan Edwall), la mamá (Ewa Fröling) de Fanny (Pernilla Allwin) y Alexander (Bertil Guve) se casa con el obispo Edvard Vergerus (Jan Malmsjö), de rígida moral y severa educación, que se los lleva a vivir a su casa y les aparta de la calidez brindada por el acogedor entorno familiar.

La película resulta ser todo un alegato en favor de la imaginación como medio para superar los problemas terrenales a los que el ser humano se enfrenta en su día a día, especialmente cuando esa imaginación desemboca en historias que acaban por ser representadas en ese pequeño mundo llamado teatro, que muchas veces sirve como medio de evasión del mundo real, el grande.
La película es contemplada íntegramente a través de los ojos de Alexander, indudablemente el alter ego de Bergman y con total seguridad un fiel reflejo de lo que el director fue en su infancia: la severa educación protestante, la fascinación por las imágenes ofrecidas por la linterna mágica, la proximidad al mundo del teatro, el silencio de Dios como respuesta a sus preguntas, etc.

Y es que Fanny y Alexander constituye una crítica blasfema a la religión, que también tiene parte (mucha) de imaginación e historietas, pero al contrario de lo que sucede en el teatro, las historias que cuenta la religión, al querer estar forzosamente teñidas de verdad y certeza, tienen más de dañino que de positivo, acaban por herirle a uno, y ante ellas no queda más que la consecuente rebelión de Alexander.
La película parece querer decir que es el amor que entreguemos en nuestro día a día en cada una de nuestras acciones lo que verdaderamente salva a nuestras almas, y que a pesar de él siempre vamos a enfrentarnos a enigmas y misterios que no sabremos explicar, y ante los cuales siempre encontrará cabida la religión.

Alguien más entendido en la vida y obra de Ingmar Bergman podría confirmar si Fanny y Alexander refleja en cierto modo la nostalgia de un verdadero padre por parte del director, ya que la continua presencia del espíritu del padre de Alexander así parece atestiguarlo, dando aliento a su hijo desde el más allá, en clara contraposición a su nuevo padrastro.

Aún siendo larguísima (¡tres horas!), parece ser que Fanny y Alexander se concibió en su momento como un proyecto para televisión, con el doble de duración y una mejor explicación de los comportamientos de los personajes. Eso explicaría por qué, en mi opinión, la relación entre Alexander y su padre no llega tan en profundidad al espectador y por eso la versión de tres horas cojea ligeramente de esa parte.
Con una excelente dirección de actores y una preciosa fotografía y puesta en escena, la película fue galardonada en 1983 con el Óscar a la mejor película extranjera.


miércoles, 4 de agosto de 2010

SECRETOS DE UN MATRIMONIO, Ingmar Bergman (1973) [5,5/10]

Johan (Erland Josephson) y Marianne (Liv Ullman) son un matrimonio aparentemente feliz, de clase media-alta y con dos niñas, Karin y Eva. Marianne trabaja como abogada familiar, y presta su ayuda a aquellas parejas que se están separando, de forma que puedan afrontar el divorcio de la manera menos dañina posible para ambos. Lo que no sospecha es que un día tendrá que ser ella la que actúe como paciente de sí misma, pues su relación con Johan empieza a empeorar.
En esta película tan abstracta de Ingmar Bergman, el autor explora los conflictos que se dan en toda relación sentimental, desde los celos hasta las infidelidades, pasando por el aburrimiento sexual. Decimos que se trata de una película abstracta porque está construida prácticamente en su totalidad a base de primeros planos, otorgando así mayor protagonismo al conflicto interno de los personajes, muy influido esto, seguramente, por el también director nórdico Carl Theodor Dreyer. El ser humano sabe mucha física y muchas matemáticas, pero no se conoce a sí mismo, no conoce su alma y su lado más sentimental y emocional, de ahí que las relaciones con nuestras parejas vengan tan cargadas de errores, malentendidos y discusiones. No obstante, una relación es algo más que un matrimonio y una firma en un papel, por lo que hay vida más allá de las rupturas y los divorcios.
La música es ausente, incluso en los títulos de crédito de fondo verde, y la fotografía vuelve a correr a cargo de Sven Nykvist. Muchos califican Secretos de un matrimonio como la obra maestra de Bergman, y sin duda nos encontramos ante un filme maduro y muy bien construido, pero su excesiva densidad la hace a veces un poco pesada.


sábado, 5 de junio de 2010

PASIÓN, Ingmar Bergman (1969) [7/10]

Andreas Winkermel (Max von Sydow) vive solo en su casa de la isla de Faro, tras haberse divorciado de su mujer. Un buen día conoce a Anna (Liv Ullman), viuda, porque su marido y su hijo fallecieron en un accidente de coche en el que ella conducía. Andreas y Anna iniciarán una relación, pero él verá que estaba mejor antes, en su soledad, pues al no depender de nadie y nadie depender de él se sentía más libre. Además, Andreas tendrá una pequeña aventura con Eva (Bibi Andersson), mujer de Elis (Erland Josephson), ambos amigos de Anna y Andreas, lo cual complicará las cosas un poco más. Mientras tanto, alguien en el pueblo va sembrando el terror a base de torturar y asesinar animales indefensos.

Pasión es la primera película en color del director sueco Ingmar Bergman. En ella vuelven a repetirse los argumentos existencialistas tan comunes en el autor: existencia de Dios, sentido de la vida del ser humano, etc. Después de ver Pasión uno se da cuenta de que da igual que ajusticiemos al que ha cometido un crimen o ha hecho el mal, porque éste es algo exterior al ser humano, algo independiente de él. Podremos acabar con alguien que ha hecho algo malo, pero saldrá otro que haga algo peor, y después otro, y otro, por lo que cabe preguntarse qué sentido tiene nuestra existencia en un mundo en el que abunda el mal. Parece que únicamente podemos encontrar consuelo y desarrollarnos como persones mediante la vida de ermitaño, como Andreas, porque sólo así, alejados de toda civilización y, por lo tanto, de todo mal, seremos libres.

Llaman la atención esos cortes repentinos en la que los propios actores hablan de sus personajes conforme van avanzando en la historia, algo muy vanguardista, seguramente influenciado por los acontecimientos que se estaban sucediendo por Europa en ese momento.


lunes, 26 de abril de 2010

FRESAS SALVAJES, Ingmar Bergman (1957) [7'3/10]

Si dijese que Ingmar Bergman es el mejor director de cine de la historia se podría no estar de acuerdo conmigo, pero desde luego en ningún caso se podría afirmar que estoy diciendo una locura. Porque que el maestro sueco es un peso pesado del séptimo arte es algo que nadie que tenga un mínimo de conocimiento de la materia pone en duda. El escritor Robert McKee, a cuyos seminarios han acudido los mejores guionistas de las series de televisión y películas de cine más importantes, afirma que Bergman es el mejor guionista de la historia, pues es quien mejor trabaja con la materia prima propia del cine: la imagen. Bergman desarrolla como el que más esa tesis que McKee defiende en su libro El Guión: sustancia, estructura, estilo y principios de la estructura de guiones, según la cual se debe contar, pero en ningún caso explicar, y esto puede comprobarse mejor que en ninguna otra obra de Bergman en El silencio.

Pero la película que ahora nos ocupa es Fresas salvajes. En ella el profesor Isak Borg (Victor Sjöstrom) acude junto con su nuera Marianne (Ingrid Thulin) a la Universidad de Lund para asistir a un homenaje a su persona y que le nombren doctor jubilar. El profesor está al borde de la muerte, y es ahora que le toca hacer balance cuando se da cuenta de lo que ha sido su vida y qué papel ha desempeñado en ella: el de una persona egoísta y arisca.

Mediante flashbacks, sueños y demás elementos tan poco característicos de una narrativa clásica, el profesor repasa los momentos más impactantes de su vida que han ido forjando su personalidad, y ve que no ha sido una buena persona. Tanto es así que nunca fue querido por su mujer, quien le ponía los cuernos; y fue rechazado por Sara, su primer amor, yéndose ésta con su hermano. De entre todos los sueños y flashbacks a los que asiste el espectador a través del profesor, destaca ese sueño de fotografía expresionista que el profesor tiene nada más empezar el film. En él, Isak Borg se ve a sí mismo perdido en una extraña ciudad, donde se encuentra con un carruaje del que se cae un ataúd. Dentro de ese ataúd está él mismo, que se coge del brazo y trata de arrastrarse con él al interior del féretro, a la muerte, tema éste muy presente en la filmografía de Bergman.

En el viaje el profesor y su nuera se encontrarán con Sara (Bibi Andersson) y dos amigos suyos, quienes les acompañarán hasta Lund para proseguir su viaje allí. Con la aparición de este personaje, Bergman saca a la palestra la oposición entre la vida y la muerte, representadas por Sara y el profesor, respectivamente. A la vitalidad de la chica, se opone la quietud y frialdad del viejo profesor, y a los recuerdos de la infancia de éste se oponen los planes de futuro de Sara, que tiene aún toda la vida por delante.

Además de la proximidad de la muerte, aparecen otros temas clásicos en Bergman, como son la existencia de Dios (representada en las discusiones entre los dos amigos de Sara) y la liberación de la mujer (cuando Marianne de dice a su marido que va a tener el bebé, además de las distintas conversaciones acerca del tema que se van sucediendo en el viaje).

La fotografía de Gunnar Fischer es inmejorable, aunque para próximas películas Bergman contaría con Sven Nykvist. Aparte del mencionado sueño expresionista, cabría mencionar los trajes blancos en el desayuno de la casa de verano del primer flashback, así como los anocheceres y atardeceres en el bosque, los cuales recuerdan a El séptimo sello.
Del mismo modo, la música de Erik Nordgren cumple su función con creces, entra cuando tiene que entrar y nos introduce en la atmósfera de lo que el autor nos quiere contar.

Y si a todo esto le añadimos la aparición como protagonista de uno de los pioneros del cine como es el señor Victor Sjöstrom, para qué queremos más, tenemos una señora obra maestra.

En definitiva, Fresas salvajes, que fue homenajeada por Woody Allen (es conocida la admiración del neoyorquino por Bergman y la influencia que éste ejerce en sus películas) en Desmontando a Harry, tiene muchísimos elementos para analizar, pero no por ella misma en sí, sino por quién es su director. Bergman es un AUTOR con mayúsculas, de esos que con sólo ver un fotograma de su (extensa) filmografía en seguida identificas al director.