
Gaz (interpretado por un magnífico Robert Carlyle), como muchos otros, se ha quedado en paro tras haberse venido abajo la industria del acero que le daba de comer, situación ya penosa de por sí a la que se suma el tener que lidiar con su ex y su perfecta vida por la custodia de su hijo Nathan (William Snape). Necesita salir adelante como sea, necesita una buena idea con la que emprender y volver a vivir dignamente, y qué mejor empleo que actuar en un local de strip-tease para mujeres.
Al igual que ya hicieron películas como Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000) y otras de Ken Loach, Full Monty nos muestra las vidas de esos ingleses a los que el capitalismo inglés de “Maggie” privó de dignidad. Full Monty puede ser uno de los ejemplos de cómo debe ser un buen guión porque, a la vista de la trama, bien podría parecer que nos encontramos ante una estúpida comedia americana, pero lo cierto es que con Full Monty Simon Beaufoy nos regala una historia cargada de ternura, buenos sentimientos y de lucha por, ante todo, no perder la ilusión.
Y es que nada sería igual en la película de no ser por el espléndido casting: todos los personajes y sus historias privadas son increíbles, y uno tiene la sensación de que ésos y no otros tienen que ser los actores, de que no puede haber otros actores más que ésos para interpretar los papeles que interpretan.
En definitiva, Full Monty es una genial película que bien merece un puesto en la Historia del Cine. Qué mejor manera de acercarnos las vivencias de esas personas a las que el capitalismo dejó en pelotas, literalmente.
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