
Una de las obras cumbres y fundacionales del cine negro es Perdición, dirigida por Billy Wilder y escrita junto con Raymond Chandler basada en una novela de James M. Cain.
Perdición trae a escena a una Barbara Stanwyck convertida en la femme-fatalle más temible de la Historia del Cine. Su víctima es Fred MacMurray, un vendedor de seguros con quien la mujer se compincha para cargarse a su marido y cobrar el dinero del seguro. Pero las cosas se torcerán, y para cuando MacMurray quiera enderezarlas, quizá sea ya demasiado tarde.
Al igual que volverá a demostrar posteriormente con peliculones como El crepúsculo de los dioses o Testigo de cargo, Billy Wilder, el maestro de la comedia, nos sumerge en la más absoluta de las tensiones y nos ata a la pantalla para obligarnos a presenciar una historia de decadencia, de vicio y de descenso a los infiernos de aquella corrupta sociedad que tan bien supo retratar el cine negro clásico.
La magistral dirección de Wilder queda patente desde el momento en que, a pesar de que el enamoramiento de Fred MacMurray por Stanwyck carece de toda lógica, al espectador no le importa lo más mínimo y pasa a quedar completamente hipnotizado por la tenebrosa luz negra que John F. Seitz se encargó de imprimir a la película y las imágenes que nos regaló Wilder en Perdición, toda una joya del séptimo arte.