Mostrando entradas con la etiqueta 1961. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 1961. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de julio de 2011

DESAYUNO CON DIAMANTES, Blake Edwards (1961) [7,2/10]


En 1961, basándose en una novela de Truman Capote, Blake Edwards dirigió una de las películas que pasó a convertirse en uno de los iconos del cine americano y mundial. Nos referimos a Desayuno con diamantes.

En ella vemos a la mujer más guapa del mundo que ha caminado sobre la faz de la tierra, Audrey Hepburn, interpretar a Holly Golightly, una buscona amante de las joyas y el dinero que continuamente está a la caza de un ricachón a quien beneficiarse. No obstante, aparecerá en su vida el escritor Paul Varjak (George Peppard), y las cosas quizá empiecen a cambiar.

En Desayuno con diamantes nos encontramos ante una bastante correcta dirección, con unos grandísimos actores y una preciosa música de Henry Mancini que conforman un todo tan sumamente armónico y casi perfecto que llega incluso a disimular la falta de verosimilitud que rezuma la historia por los cuatro costados.

Y es que estamos ante un mito de la Historia del Cine en el que los personajes no evolucionan lo más mínimo, y cuando lo hacen, ocurre de manera rápida y disfuncional. ¿Porque qué es lo que le hace a Holly cambiar de opinión y de filosofía de vida al final de la película? ¿La parrafada que le suelta el bueno de Paul? Y esa es otra ¿cómo diablos puede alguien enamorarse de alguien como Holly? Estas serán sólo algunas de las preguntas que se irá haciendo al aventurero que decida echarle un vistazo a Desayuno con diamantes y que, lamentablemente, quedarán sin respuesta.

Sin embargo, la película funciona, deja una sensación grata. ¿Por qué? Quizá sea porque Hepburn era demasiado guapa, o porque Moon River es una de las canciones más bonitas que se han escrito, o porque, sencillamente, estas son las cosas que hace el cine americano, jugar con nosotros, engañarnos, y engañarnos bien. Hacer magia y fabricar sueños como nadie.


lunes, 21 de junio de 2010

VIRIDIANA, Luis Buñuel (1961) [7/10]

Una de las películas españolas con más éxito es Viridiana, de Luis Buñuel, que en 1961 se llevó la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Viridiana (Silvia Pinal) es una monja que ha salido del convento ante la noticia de que su tío (Fernando Rey) está al borde de la muerte. A éste, Viridiana se lo debe todo en lo material, pero nunca se ha sentido querida por él, pues nunca ha habido el más mínimo acercamiento ni calor humano por su parte. Lo cierto es que su tío no debe estar muy bien de la cabeza, pues le pide a Viridiana cosas como que se vista con el traje de novia de su difunta esposa (la tía de Viridiana), llegando incluso a pedirle matrimonio. Viridiana acaba por irse, y cuando se dispone a coger el tren recibe la noticia de que su tío se ha suicidado a causa de su ausencia y el odio que su sobrina le tendrá. Viridiana, como buena beata, se sentirá culpable, y como “penitencia” instalará en la casa de su tío una especie de albergue para pobres.
Al día siguiente llega a la casa su primo (Paco Rabal), quien se siente atraído por Viridiana. Los pobres acogidos en la casa del tío de Viridiana aprovecharán un día que no hay nadie en casa para correrse una juerga padre, llegando incluso a intentar violar a la joven. Después de tan desafortunado acontecimiento, se llevan a los pobres, y Viridiana, triste por lo sucedido, se pone a jugar una nada inocente partida de Tute con su primo y con Ramona (Margarita Lozano), la criada.

Según explica el director Carlos Saura, Luis Buñuel una vez le comentó que los pobres no tenían por qué ser buenos. Su situación es límite, por lo que actúan movidos por pasiones más que por razones. Por eso Viridiana sufre un intento de violación, por eso el leproso al que Viridiana ayudó no hace nada, y por eso sí que lo hace después cuando le ofrecen dinero a cambio de hacerlo.
Como no podía ser de otra forma en Buñuel, Viridiana presenta algunos elementos surrealistas, como por ejemplo Fernando Rey poniéndose zapatos de tacón o esa escena, que da incluso cierto miedo, en la que Viridiana aparece vestida de novia con un candelabro. El contraste está claro, sabiendo que la joven es una monja únicamente casada con Dios.
Cuando se propuso rodar esta película, Buñuel fue muy criticado por algunos intelectuales exiliados por volver a España. Sea como fuere, la película tuvo que vérselas con la censura, porque eso de mostrar una corona de espinas ardiendo o una parodia de la última cena hecha con mendigos no lo hacía cualquiera. Por no hablar de ese trío tan bien camuflado bajo una partida de Tute, y esa frase final del primo de Viridiana interpretado magistralmente por Paco Rabal diciendo, no literalmente, “supe que tarde o temprano acabaría jugando al Tute con mi prima Viridiana”.
Disfruté más la película la primera vez que la ví. Da la sensación de que el doblaje empeora la interpretación de los actores.