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viernes, 7 de octubre de 2011

EL ÁNGEL EXTERMINADOR, Luis Buñuel (1962) [7,3/10]

El ángel exterminador, de Luis Buñuel, es una magnífica película en la que el director aragonés realiza una estupenda crítica social hacia la clase ociosa, encerrada en sí misma, en la que la charlatanería sustituye a la acción efectiva con vistas a cambiar las cosas.
Para ello, el autor se sirve de una cena de la alta sociedad tras la que, sin aparente razón, los invitados no pueden salir del salón. Tal planteamiento tan surrealista sirve de base a Buñuel para explicarnos cómo las pasiones más primitivas del hombre tienden a florecer en los momentos más críticos.
Aunque lamentablemente me falta cultura general para atar todos los cabos, puede apreciarse que la película está cargada de simbolismo por doquier, y con una maravillosa puesta en escena, se ataca esa falsa cortesía hipócrita y esa preocupación por el qué dirán de las cuales la sociedad hace gala, en una obra que se hace tan entretenida como corta.

domingo, 27 de marzo de 2011

EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE, John Ford (1962) [8,5/10]


Una de las mejores películas del western en particular y de la Historia del Cine en general es El hombre que mató a Liberty Valance, del maestro John Ford, director también de otras obras maestras del séptimo arte como La diligencia o Centauros del desierto.

Al igual que en dichos filmes, en El hombre que mató a Liberty Valance Ford vuelve a explicarnos su visión acerca de la sociedad estadounidense, de su sistema político y económico, resultando la película toda una defensa republicana del Estado de derecho y la democracia por encima de las dictaduras y de los tiranos. Lo cierto es que la película no deja un sólo cabo por atar, tratando temas tan vitales a la hora de analizar una sociedad como es la libertad de prensa, el papel que juegan los medios de comunicación en la democracia, y la forma en la que la ley y el orden deben hacer frente a la delincuencia y a la tiranía.

Siendo muy icónica a la hora de desarrollar sus personajes y muy teatral en su simplona puesta en escena, en esta película escrita por James Warner Bellah y Willis Goldbeck y basada en el relato corto de Dorothy M. Johnson, Ford vuelve a demostrar por qué es el mejor director de la Historia del Cine, por qué nadie maneja el lenguaje cinematográfico como él, y por qué él sí que se puede considerar todo un cineasta de oficio, y de los buenos, de los que no hacen chapuzas, sino auténticas obras de artesanía.

La película sitúa al espectador ante la llegada del anciano senador Ransom Stoddard (James Stewart) al pueblo de Shinbone para asistir al funeral de un antiguo amigo suyo. Ante unos pocos periodistas, Stoddard relata la historia que explica su relación con el difunto, y en la que aparece también involucrado el legendario bandido Liberty Valance (Lee Marvin).

Con un reparto de oro entre el que encontramos nombres tan atractivos como John Wayne, Vera Miles o el mismísimo Lee Van Cleef, esta obra maestra de Ford habla al espectador de política muy a las claras, y le invita a explorar las luces y las sombras por las que, en muchas ocasiones, la democracia se ve obligada a atravesar para hacer prevalecer sus intereses frente a aquellos que pretenden imponer los suyos a base de golpes de Estado.

sábado, 25 de septiembre de 2010

DÍAS DE VINO Y ROSAS, Blake Edwards (1962) [7,5/10]

Una de las películas que mejor retrata el tema del alcoholismo en imágenes es Días de vino y rosas, de Blake Edwards. En ella vemos al dúo Jack Lemmon-Lee Remick interpretar a una pareja de alcohólicos cuya relación está cimentada en el exceso de bebida. Deben salir de la trampa mortal del vicio, pero también deben mantener su matrimonio a salvo. ¿Ambos estarán dispuestos a hacer lo que sea?
Días de vino y rosas se centra en el tema del alcohol, pero al fin y al cabo podría extenderse a todos aquellos ámbitos en los que el ser humano se guía más por pasiones que por razones, como por ejemplo en el amor, donde muchas veces estamos tentados de hacer cosas que sabemos que no debemos hacer. Así, en la película de Blake Edwards la tentación acecha continuamente a la pareja, situación que se vuelve aún más dramática desde el momento en que hay una hija de por medio.
La película, en tanto que historia, tarda en despegar, y la primera hora de metraje, a pesar de la velocidad con la que tienen lugar los acontecimientos o quizá precisamente a causa de ello, se torna bastante insufrible. De este modo estamos viendo durante los primeros sesenta minutos una pareja después matrimonio a la que las cosas le van bien y que incluye alguna que otra gracieta. Es decir, no hay conflicto, lo que hace bastante soporífera la primera parte.
No es hasta que Joe llega borracho a casa y empieza a sufrir las consecuencias de su adicción a la bebida y a transmitírselas a su mujer cuando la película empieza a coger ritmo y atractivo. Pasamos así de la comedia ligera al drama conmovedor mediante un giro de 180º. Con una magistral interpretación que desmiente rotundamente todas las habladurías que mencionaron a un Jack Lemmon encasillado en la comedia, el actor se convierte en un alcohólico de pro que en más de una escena pone los pelos de punta, sobre todo a aquellos que le conocíamos por haberle visto disfrazado de mujer o ejerciendo de pringado para el goce de sus superiores en busca de un ascenso. Lee Remmick también cumple su trabajo con creces, y obenemos así una emocionante historia que, aún tardando en emocionar, logra su objetivo y nos transmite la tristeza de una familia que naufraga en alcohol.

viernes, 20 de agosto de 2010

LA INFANCIA DE IVÁN, Andréi Tarkovski (1962) [7/10]

La primera película de uno de los directores soviéticos más importantes como es Andréi Tarkovski fue La infancia de Iván, la cual fue galardonada con el León de Oro en el Festival de Venecia de 1962.
La película nos cuenta cómo vive la guerra un chaval de unos doce años (Nikolai Burlyayev) que, tras haber sido su madre asesinada por los nazis en la guerra, realiza labores de espionaje para el ejército soviético.
Destaca la estética de esos sueños que tiene el joven Iván en los que recuerda a su madre, con extrañísimos movimientos de cámara y demás elementos vanguardistas que ya anticipaban que no se estaba ante cualquier director, sino que Tarkovski era alguien que iba a dejar su huella entre los dinosaurios del séptimo arte cuando abandonase esta vida. Y de hecho así fue. Andréi Tarkovski es considerado a día de hoy como uno de los mejores cineastas de todos los tiempos, aún a pesar de su corta filmografía truncada por la burocracia del Estado soviético. No obstante hay que decir que, a pesar de lo dicho, este filme dista bastante del posterior Andréi Rubliov, más cuidado estéticamente y más espiritual, aunque también es verdad que ambos filmes empiezan con una escena muy parecida: una persona volando.
Con unas preciosas imágenes de la madre de Iván que transmiten una nostalgia acerca de cómo podría haber sido la existencia del niño de no haber habido contienda, La infancia de Iván es una preciosa película que, lejos de cantar las glorias del Ejército Rojo, se dedica a reflexionar acerca del coste humano que la guerra trae consigo.

También hay que decir que esas escenas finales en las que vemos a Goebbels chamuscado y a los oficiales del Ejército Rojo bailando al son de la música soviética no tienen precio.


martes, 29 de junio de 2010

VIVIR SU VIDA, Jean-Luc Godard (1962) [6/10]

La historia consiste básicamente en una mujer llamada Nana (Anna Karina) que necesita dinero y para conseguirlo empieza a ejercer de prostituta.
Siendo un film de Godard, estamos ante una película en la que importa más el cómo se cuenta que lo que se cuenta. Si Al final de la escapada era rompedora en su forma, en Vivir su vida Godard vuelve a destrozar y a hacer pedazos las convenciones del cine, y mediante una serie de encuadres horribles y planos feísimos nos cuenta una historia dedicada a las películas de serie B. ¿Podríamos imaginarnos una conversación articulada con los personajes de espaldas? Pues Godard en esta película lo hace. ¿Y unos planos que capturan el cogote de los personajes desde un ángulo antiestético? Pues Godard en esta película lo hace. ¿Y unos movimientos de cámara injustificados? Pues Godard en Vivir su vida mueve la cámara cuando le da la gana y porque le da la gana. No obstante, hay que decir en beneficio del rey de la nueva ola, que salta a la vista que son errores de alguien que conoce las reglas del cine a la perfección. Decía Picasso que primero había que conocer las normas para después saltárselas. Pues bien, creo que en este sentido Godard es el Picasso del cine, puesto que él sabe cómo se debe hacer una película, qué normas hay que seguir y qué principios hay que aplicar, pero sencillamente no le da la gana aplicar ningún principio y seguir ninguna norma, haciendo en cine el equivalente de un Picasso en pintura. ¿Para qué vamos a respetar el raccord?
Uno de los mejores elementos del filme es, aparte de la triste música que entra de vez en cuando, la preciosidad de Anna Karina, que fue, por cierto, mujer del propio Godard. Si para la obra representativa de la nouvelle-vague veíamos a una bellísima Jean Seberg, en Vivir su vida Anna Karina es quien nos deja boquiabiertos al mirar a cámara con esos ojazos. No así con su gracia para bailar, por cierto.
Como no podía ser de otra forma en un cinéfilo empedernido como es Godard, los guiños al séptimo arte vuelven a estar presentes, y si en Al final de la escapada veíamos una cartelera que anunciaba la Hiroshima mon amour de Alain Resnais, en Vivir su vida vemos, aparte de una proyección de La Pasión de Juana de Arco de Dreyer (con la que el personaje de Nana guarda cierto paralelismo), la Jules et Jim de su compañero Truffaut. Pura nouvelle-vague.

martes, 18 de mayo de 2010

EL CUCHILLO EN EL AGUA, Roman Polanski (1962) [6'3/10]

En 1962 el polaco Roman Polanski se estrenó en el mundo del largometraje con El cuchillo en el agua, una película de poco presupuesto y pocos personajes, pero con muchas posibilidades de convertir a su director en lo que es hoy: uno de los mejores.
En ella vemos a Andrezj (Leon Niemczyk) y Christine (Jolanta Umecka), una pareja que, yendo de camino a pasar el día en su yate, se encuentran con un estudiante (Zygmunt Malanowicz), a quien recogen y se llevan con ellos a pasar el día. Una vez a bordo la tensión entre los dos hombres empezará a notarse, desencadenándose entre ellos una lucha en la que, para ganar, tendrán que dejar patentes sobre el otro sus cualidades varoniles, lo que desembocará en un fatal desenlace.
La película, con un guión bastante trabajado, no tiene especial interés aparte de por ser la carta de presentación de Polanski, pero es llamativa la atmósfera opresiva que el director consigue, paradójicamente, en un escenario abierto como es un lago. También hay que nombrar la carga de erotismo que se genera entre el estudiante y Christine (ésta, por cierto, mujer de extraña belleza), que nos anticipa en cierto modo lo que va a ocurrir.