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sábado, 21 de enero de 2012

¡AGÁCHATE, MALDITO!, Sergio Leone (1971) [6,3/10]

Una de las últimas películas de Sergio Leone, director cuyo nombre va indiscutiblemente unido al género spaghetti western, es ¡Agáchate, maldito!, protagonizada por James Coburn y Rod Steiger y ambientada en la Revolución Mexicana de principios del siglo XX.


La historia, del propio Leone junto con Sergio Donati y Luciano Vincenzoni, cuenta cómo la casualidad quiere que un vulgar atracador de bancos se una a un exiliado del IRA para dar el que aparenta ser el golpe de su vida, todo ello en un contexto de Revolución que condiciona sobremanera las relaciones humanas.


Así, ¡Agáchate, maldito! es, por encima de todo, una película política que muestra hasta qué punto determinados contextos pueden influir en las actitudes de las personas, siendo que, en muchos casos, los intereses personales se imponen a los sociales y las traiciones hacen la revolución imposible. Este es el aspecto más importante de la cinta y al que mejor partido podría haber sacado Leone para hacer una obra redonda. Pero, por motivos que desconozco y parece ser que ajenos al director, no se hizo, resultando ¡Agáchate, maldito! una obra menor en la filmografía del cineasta italiano.

La película presenta un no demasiado buen montaje, haciéndose lenta por momentos y salvándose por algunos pequeños toques de humor.


La hipnótica y extraña partitura de Morricone nos acompaña a lo largo del extenso metraje desde un inicio tan brutal como demagogo, pero que en cualquier caso constituye uno de los mejores momentos del filme, prometedor, pero ligeramente decepcionante.

domingo, 4 de diciembre de 2011

UMBERTO D, Vittorio de Sica (1952) [7,2/10]

En 1952, el combo Zavattini-de Sica se volvió a juntar para ofrecer otra obra cumbre del neorrealismo italiano, Umberto D. No llega, por supuesto, al nivel de emoción que logró en mí Ladrón de bicicletas, pero es igualmente un filme muy emotivo y con mucha clase.


Umberto D es una película vitalista, que invita a vivir la vida en su máxima plenitud, pero constituye todo un drama vivido por una sociedad recién salida de una terrible guerra. En ella se muestra concretamente la vulnerabilidad de los abuelitos, pero también la de los más jóvenes, descubriendo que, al final, la condición que determina un nivel de vida digno o indigno es el tener dinero o carecer por completo de él.


Umberto D cuenta la historia de un jubilado al que apenas le alcanza con su mísera pensión para tirar hacia delante. La sola compañía de su dócil perro Flike será todo con lo que cuente para hacer frente a la tiránica casera, que le quiere echar de su casa cuanto antes, y hará que don Umberto tenga que pasar por las más patéticas de las humillaciones a las que un ser humano puede verse sometido.


Esta obra neorrealista de Vittorio de Sica trata un tema dolorosamente actual, como es el del deshaucio, el cual se torna absolutamente trágico cuando se trata de personas tan indefensas como los ancianos. Aunque la fórmula es característica del neorrealismo y en ella ha basado este movimiento gran parte de su éxito, he de señalar que, en esta película, el empleo de actores no profesionales no termina de cuajar. Las interpretaciones chirrían por momentos y, lejos de contagiar el dramatismo que se espera, acaban por actuar como su cortafuegos en algunas ocasiones.


La envolvente música de Alessandro Cicognini hace que pensemos en Umberto D como en toda una definición de cine de calidad, bien hecho y emocionante.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

ARROZ AMARGO, Giuseppe de Santis (1949) [8/10]

La obra maestra del director italiano Giuseppe de Santis es Arroz amargo, una trágica historia enmarcada dentro del neorrealismo que nos habla de la unidad de clase, del interés personal en busca de riqueza y de la traición a las personas a quienes más unidos estamos.
Producida por el gran Dino de Laurentis, Arroz amargo cuenta la historia de Francesca (Doris Dowling) y Walter (Vittorio Gassman), dos fugitivos de la justicia que se camuflan entre la multitud de arroceras que, como cada año, acudirán a Vercelli a recoger la cosecha de arroz. Aparecerá en escena la sensual y erótica Silvana (Silvana Mangano), actuando como catalizador para que se desborde la tragedia en el triángulo y toda una suerte de traiciones, dobles intenciones e intereses tendrán lugar. Raf Vallone completa el reparto en el papel de un sargento a punto de retirarse, en una genial película de melodrama social, donde las emociones se ponen a flor de piel y cada personaje buscará su propia redención.
Arroz amargo presenta la calidad emotiva y de realización que siempre caracterizó al neorrealismo italiano, con una interpretación ejemplar por parte de los actores, destacando especialmente la belleza de las dos protagonistas femeninas, que se comen la pantalla con esos preciosos ojos en el caso de Dowling y con unas excitantes y eróticas poses en el caso de Mangano.

martes, 10 de mayo de 2011

POR UN PUÑADO DE DÓLARES, Sergio Leone (1964) [8,6/10]

Una de las trilogías más conocidas de la Historia del Cine es la Trilogía del dólar, emblema del spaghetti western dirigida por Sergio Leone. Por un puñado de dólares es la primera de las tres, y, aunque bajo mi punto de vista supera a La muerte tenía un precio, no llega a la altura del espectáculo visual que supone El bueno, el feo y el malo, obra maestra no sólo del spaghetti, sino del western en general.

Por un puñado de dólares cuenta la historia de un extranjero (Clint Eastwood) que llega a un pueblo en el que el poder está repartido entre dos familias. La lucha por el poder, el deseo de hacer justicia y un puñado de dólares serán los que muevan al protagonista a embarcarse en una peligrosa aventura donde la violencia y la muerte acechan a cada paso, donde fabricar ataúdes parece ser la única profesión con algo de futuro, y donde lo único que cuenta para seguir con vida es desenfundar el revólver a tiempo.


Tal y como viene siendo normal en el género, en Por un puñado de dólares las enfatizaciones son una constante: los diálogos se profieren como disparos, y éstos a su vez parecen constituir el idioma local. Las miradas penetrantes, los parones en el tiempo, la tormentosa música de Ennio Morricone se incrusta en nuestro cerebro como una bala y nos deja tocados a lo largo de todo el film.

Siendo un remake de Yojimbo de Kurosawa, Por un puñado de dólares constituye hora y media de buen cine, con paisajes que son una delicia para la vista y una puesta en escena que casi nos fuerza a sentir el calor abrasador del sol del oeste. El título de la película responde a por qué hacemos las cosas que hacemos, y en definitiva a por qué se mueve el mundo.

jueves, 10 de febrero de 2011

LA HABITACIÓN DEL HIJO, Nanni Moretti (2001) [7,4/10]

Existen películas que, debido a la historia que cuentan, ponen los sentimientos a flor de piel, y es en ellas donde la labor de un buen actor se hace más necesaria, dado que de la interpretación de los actores dependerá que la película sea un ridículo melodrama sentimentaloide o una potente historia que golpea donde más nos duele. El caso de La habitación del hijo, de Nanni Moretti, con un reparto encabezado por él mismo que cumple sus funciones con creces, es el segundo.
El italiano, cuya película se llevó la Palma de Oro en Cannes 2001, nos cuenta la historia de una alegre y típica familia italiana de clase media acomodada que un buen día se ve sacudida por una terrible desgracia. Ya nada volverá a ser igual para cada uno de los miembros de la familia, pero la vida sigue.

Moretti sabe que está tratando un tema difícil, duro, que viola las leyes de la biología, y que precisamente por eso quizá uno nunca llega a recuperarse de ello. Pero hay que tirar hacia adelante, venga lo que venga. Sabe qué planos enseñar, qué secuencias mostrar y, sobre todo, cómo mostrarlas, de ahí que podamos padecer junto con los personajes y hablar de una buena película, hecha con sentimiento y ceyendo en ella.

A partir de La habitación del hijo, puede establecerse cierto paralelismo (salvando siempre las distancias) con los habituales temas tratados por Michael Haneke: en una familia de clase media con una vida holgada se introduce un elemento que la desestabiliza por completo. La familia ha sabido sacarse adelante a sí misma desde siempre, al menos en lo económico, pero cuando se trata de bucear más profundo para solucionar un problema mucho menos superficial se pierden, no saben qué hacer, y comienza el derrumbe. En este sentido cobra una fuerza sobrecogedora la incapacidad que Giovanni, el padre interpretado por el propio Moretti, padece a la hora de realizar su trabajo. Es un psicoanalista que ha venido sabiendo ganarse el pan a base de solucionar/aguantar los problemas de los demás, pero cuando se trata de solucionar el suyo propio pierde el norte. El tormento por un profundo sentimiento de culpa, surgido a raíz de estudiar qué podría haber hecho para evitar la horrible calamidad que les ha venido a pisotear a él y a su familia, le impide actuar con claridad, y actúa más movido por emociones que por razones.

La preciosa música de Nicola Piovani pone la guinda para que La habitación del hijo sea una preciosa y conmovedora obra que sitúa a Nanni Moretti como uno de los grandes del cine italiano actual.

jueves, 3 de junio de 2010

EL BUENO, EL FEO Y EL MALO, Sergio Leone (1966) [9/10]

La última película de la trilogía del dólar es El bueno, el feo y el malo. Existe un tesoro de 200.000 enterrado en una tumba de un cementerio. El destino ha querido que el feo (Eli Wallach) sepa de qué cementerio se trata, aunque no sabe qué tumba es; y el bueno (Clint Eastwood) sabe qué tumba es, pero no cuál es el cementerio en el que debe buscar. Por lo tanto, ambos deberán colaborar para hacerse con el tesoro, aunque, del mismo modo, deberán darse muerte tarde o temprano. Por si esto fuese poco, la cosa se complica aún más cuando hay un tercero, el malo (Lee Van Cleef), que también busca los 200.000 dólares.

En El bueno, el feo y el malo vemos de nuevo la cooperación necesaria para lograr un fin, y de nuevo la vemos bañada en ingentes cantidades de violencia, asesinos que campan a sus anchas por las ciudades porque la gente les tiene miedo, un mundo en el que nadie está a salvo y todos están indefensos, porque cualquiera nos puede matar en cualquier momento (recuérdese la escena en la que el feo va a comprar armas).

Otra vez vuelve a protagonizar la película Ennio Morricone, con su potente banda sonora, silbidos, tambores y disparos que añaden tensión, elegancia y espectacularidad a los duelos.
Esta película ejercerá una notable influencia en el director norteamericano Quentin Tarantino, quien dijo que El bueno, el feo y el malo era “la película mejor dirigida de todos los tiempos”.
El bueno, el feo y el malo es todo un clásico del cine que ha pasado a la posteridad con frases tan lapidarias como aquellas que empiezan con “el mundo se divide en dos categorías…”.


martes, 1 de junio de 2010

LA MUERTE TENÍA UN PRECIO, Sergio Leone (1965) [7/10]

Tras haber sorprendido con Por un puñado de dólares en 1964, Sergio Leone volvió a la carga el año siguiente con La muerte tenía un precio, que, junto con El bueno, el feo y el malo, completa la trilogía del dólar y consolida el llamado spaghetti western. De hecho, la traducción literal del título original es Por unos dólares más, lo cual ya nos da una idea de que, efectivamente, se trata de la continuación de la película del 64.

En La muerte tenía un precio nos topamos con dos caza-recompensas, Douglas Mortimer (Lee Van Cleef) y “Manco” (Clint Eastwood), que persiguen un mismo hombre: El Indio (Gian Maria Volonté). Para atraparlo, acordarán que “Manco” se infiltre en la banda del Indio para poder atacarle por dos frentes.

En La muerte tenía un precio el bien y el mal tal y como nos lo han explicado desde que éramos pequeños desaparecen para relativizarse hasta el punto de confundirse el uno con el otro. Al final triunfa el bien, porque el delincuente es atrapado, pero la paradoja reside en que triunfa por métodos poco éticos, es decir, a través del mal. Luego ¿quién triunfa? No debe dejarse pasar por alto, en este sentido, que estos caza-delincuentes no son respetados por los ciudadanos, sino que son temidos por ellos. Y es que en La muerte tenía un precio vemos calles vacías, gente corriendo rápido a esconderse en sus casas cuando los Mortimer y los Manco aparecen por las calles, no vaya a ser que ocurra algo. Cuando la gente teme a esos que combaten el mal es que algo falla ahí.
Pero lo llamativo de los caza-recompensas reside en sí mismos: hacen lo que hacen por dinero. Es gracioso el símil que se puede establecer entre la trama de La muerte tenía un precio y el funcionamiento de la economía de mercado. ¡Si es que hasta el Manco y Mortimer constituyen una “sociedad” para dar caza al Indio! Y, por supuesto, tal y como se ve al final del filme, es importante que todo buen empresario dueño de su trabajo vigile bien sus cuentas para que todo cuadre, no vaya a ser que haya que cargarse a otro tío de la banda del Indio para sumar los 27.000 que habíamos calculado como ganancia, y entonces, al igual que el personaje interpretado por Eastwood, tengamos que decir con absoluta frialdad: “Ahora sí”.

En lo que a técnica se refiere, podríamos mencionar el abuso del zoom, que le da una agilidad impresionante a las escenas de duelo, así como el montaje picado acompañado de sonidos de disparos que puede apreciarse en algunas ocasiones. Pero nos deberían pegar un pequeño tirón de orejas si nos olvidásemos del cuarto protagonista que aparece en esta película: Ennio Morricone. La música de este amigo de la infancia de Leone nos presenta a cada personaje y enfatiza la acción, aportando un toque a la obra que, de no estar ahí, es seguro que la película no sería lo que es actualmente.

Como curiosidad, señalar que la película se rodó en España, en concreto en Colmenar Viejo (Madrid), en el desierto de Tabernas (Almería) y en la linda pedania de la comarca de Níjar llamada Los Albaricoques, escenario que sirvió para muchas otras películas del spaghetti western.


miércoles, 26 de mayo de 2010

MUERTE EN VENECIA, Luchino Visconti (1971) [3'5/10]

En 1971 Luchino Visconti realiza Muerte en Venecia, basándose en la obra homónima de Thomas Mann. En ella vemos a un director de orquesta, Custav von Aschenbach (Dirk Bogarde), que acude a una Venecia asolada por la peste para terminar de vivir una vida en la que no ha terminado de triunfar, sobre todo en lo que se refiere al arte y al amor. Su amor platónico, el joven Tadzio (Björn Andrésen) (que, por cierto, adopta continuamente una postura muy similar al David de Miguel Ángel, para continuar con las referencias a lo artístico), le rechaza (no olvidemos que el propio Visconti también era homosexual), y su última obra ha sido un rotundo fracaso.
Si bien no vi la película en las mejores condiciones, me pareció un aburrimiento bastante importante. Planos muy bonitos, mucha poesía con la imagen, pero un poco coñazo. Una de las cosas que más gracia me hizo fue las conversaciones que el personaje interpretado por Bogarde mantiene con su colega, algo nada pedante de lo que todo el mundo habla en la barra del bar. Con un exceso de zooms que ponen de muy mal humor, veremos si Muerte en Venecia aguanta un segundo visionado, pero de momento me temo que no.


lunes, 24 de mayo de 2010

ROMA, CIUDAD ABIERTA, Roberto Rossellini (1945) [8/10]

Roma, ciudad abierta fue el pistoletazo de salida del neorrealismo italiano, su manifiesto. Rossellini comenzó a trabajar en ella cuando aún la guerra estaba por terminar. No sólo es una de las mejores obras del director italiano, sino que también es una de las películas más importantes de toda la Historia del Cine.

La película se ambienta en la ocupación de Italia por parte de las tropas nazis. La GESTAPO va buscando por las casas a los distintos miembros de la resistencia antifascista, agrupados en torno al Comité Nacional de Liberación.
Aparte de la obvia crítica al fascismo explícito, Rossellini también realiza en Roma, ciudad abierta una crítica a la burguesía y a los ricos, encarnada en esas actrices que se venden al enemigo por un lujoso abrigo de piel y que únicamente piensan en beber y divertirse, aún cuando están siendo asediadiados por los nazis.
El argumento del filme está basado en historias reales. El propio Rossellini salió a buscar testimonios de la gente que lo vivió, y rodó en los escenarios reales donde habían ocurrido los hechos que se narran en la película. De hecho, el personaje del padre don Pietro (Aldo Fabrizi) está inspirado en la figura del sacerdote Luigi Morosini, torturado y asesinado por los nazis por ayudar a los antifascistas.

Roma, ciudad abierta se llevó la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1946 y fue censurada en Estados Unidos (donde se recortaron 15 minutos), Argentina (en 1947) y la República Federal Alemana (entre 1951 y 1960).

miércoles, 12 de mayo de 2010

PAISÁ (CAMARADA), Roberto Rossellini (1946) [5/10]

La película se divide en seis capítulos que tienen como contexto la ocupación de Italia por parte de las tropas nazifascistas en el momento en que llegan las tropas aliadas angloamericanas.

Es la peor película de Rossellini que he visto hasta el momento, me ha parecido bastante aburrida y, por lo tanto, pesada de seguir. Pero no por la complejidad de la trama, que en verdad es bastante simple, sino por el hecho de que en ningún momento la historia me ha atrapado para sumergirme en ella. Ninguno de los capítulos, por lo general, me ha generado el más mínimo interés.
De tener que quedarme con alguno de los capítulos, me quedaría con el quinto, en el que tres capellanes americanos llegan a un convento donde dos de ellos, por ser uno judío y el otro protestante, son marginados por el resto de frailes, que, al vivir encerrados y no tener contacto con lo que está pasando en el exterior, son incapaces de comprender las inclinaciones religiosas de los capellanes, a diferencia del tercer compañero, que sí las entiende, aún siendo tan católico como los frailes.

Rossellini, en su línea neorrealista, rodó Paisá con un estilo cuasidocumental, donde me atrevería a decir que incluso se ven imágenes reales, pero ni por asomo llega al dramatismo que consiguió anteriormente con la que, a mi juicio, no sólo es la mejor película de Rossellini, sino una de las mejores obras de la historia del cine: Roma, ciudad abierta.


lunes, 10 de mayo de 2010

STRÓMBOLI, TIERRA DE DIOS, Roberto Rossellini (1950) [6'8/10]

La historia comienza en un campo de concentración en la Italia de posguerra, en 1948. Aquí está Karin (Ingrid Bergman), quien quiere irse de allí cuanto antes, pero el permiso le es denegado por no tener dinero para partir. La única forma de hacerlo es casándose con Antonio (Mario Vitale), un soldado, con quien se va a vivir al pueblo de éste, Strómboli. Lo que Karin no sabe es que ha salido de un campo de concentración para meterse en otro, pues ya desde un principio vemos que Antonio no es del todo una persona de fiar. Pero eso ahora a Karin no le importa, quiere salir de ahí como sea. Al llegar a Strómboli la mujer se da cuenta de lo poco a gusto que va a estar: Strómboli es un viejo pueblo de pescadores semiabandonado, con la constante amenaza de los volcanes de alrededor. Incluso la gente que vivía allí se marchó porque no aguantaba más, ¿cómo va a poder Karin resistirlo aún sin estar acostumbrada?

Karin tratará de encontrar consuelo en el cura del pueblo, que únicamente le dice que tiene que sufrir, aguantar, humillarse y rezar. Únicamente le pide paciencia, no le da soluciones. La incomunicación que siente Karin es total, viéndose reflejada en su máximo esplendor cuando le suplica al niño que le hable, que le diga algo. Karin tratará de adaptarse a su nueva vida, pero cada vez le es más difícil: malas miradas de los vecinos, celos de su marido, etc.

Creo que en el personaje de Karin puede rastrearse la figura de Jesús. La mujer pasa todo un calvario. Desde el principio hasta el final de la película va de mal en peor, teniendo únicamente un mínimo respiro cuando su marido no está y tiene tiempo para aderezar la casa, algo que, por cierto, no gusta a su marido cuando vuelve. El sufrimiento que va experimentando Karin llega a su clímax, y de nuevo aquí podemos encontrar en cierto modo la figura de Jesús, cuando, en la cima del volcán, invocando a Dios, dice, refiriéndose a los habitantes del pueblo, “no saben lo que hacen”.
Strómboli, tierra de Dios es una película interesante de Roberto Rossellini que, a pesar de que no es cien por cien neorrealista (usa actores profesionales, y es sabido que ya cuando se casó con Ingrid Bergman el director romano fue abandonando el neorrealismo), sí hay quien la mete en ese mismo saco por presentar algunas características similares. Aquí también la vamos a enmarcar dentro del Neorrealismo italiano.


viernes, 23 de abril de 2010

TE QUERRÉ SIEMPRE, Roberto Rossellini (1954) [6'5/10]

Cuando André Bazin vio Te querré siempre, de Rossellini, dijo que el cine había envejecido diez años. Con esto lo que quería decir es que el director italiano había hecho una película tremendamente moderna. Y es que en 1954, tras abandonar a su esposa para casarse con Ingrid Bergman (protagonista del film), Rossellini ya había abandonado el neorrealismo para acercarse a un cine más minimalista con el que hacer vanguardia con el guión. Así, en Te querré siempre, nos encontramos ante dos personajes sin un objetivo definido, algo muy novedoso por aquel entonces.

Te querré siempre
nos muestra al matrimonio Joyce (Ingrid Bergman y George Sanders) acudiendo a Nápoles para vender la villa que el tío de Catherine le dejó a ésta en herencia. Ya de camino ambos se dan cuenta de que su matrimonio no funciona: es aburrido, y continuamente se están haciendo daño el uno al otro. Así, a lo largo del filme, veremos cómo reacciona Catherine a las acciones de George y viceversa, en una historia donde elementos tan comunes en una relación como la desconfianza y los celos se unen para mostrarnos la distinta forma en que cada miembro de la pareja afronta su relación.

Es notable la presencia de la muerte a lo largo de toda la obra: cuando Catherine ve el funeral de un hombre desde su coche, o cuando acude a ver a los muertos olvidados a los que nadie llora, o cuando junto con George asisten al descubrimiento de los cuerpos de una pareja sepultados por la lava, anticipando esto último de forma metafórica lo que está sucediendo con el amor de Catherine y George: está siendo sepultado.
Como curiosidad, señalar que hay un momento en el que, en un plano general tomado desde una grúa, puede verse la sombra que proyecta ésta sobre la gente, pero tratándose del maestro Rossellini se le perdona.


jueves, 15 de abril de 2010

LADRÓN DE BICICLETAS, Vittorio de Sica (1948) [9/10]

Una de las obras más importantes del Neorrealismo italiano es Ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica. En ella, Antonio Ricci (Lamberto Maggiorani) va a solicitar un empleo como pegador de carteles. Para desempeñar dicho trabajo le será necesaria una bicicleta, cosa que, por desgracia, empeñó para obtener dinero con el que sacar adelante a su mujer (Lianella Carell) y a su hijo Bruno (Enzo Staiola). La familia se ve obligada entonces a empeñar también sus sábanas para poder comprar la dichosa bicicleta. Una vez adquirida ésta, Antonio empieza su jornada laboral con ganas, pues parece que ya se empieza a vislumbrar la luz de la esperanza en el eterno túnel de la pobreza que está recorriendo, con tan mala suerte que, en un descuido, un desalmado le roba la bicicleta y sale pedaleando a toda velocidad con ella. Antonio, lamentablemente, no logra alcanzarle. A lo largo de la película, Antonio se pateará media ciudad con su hijo en busca del ladrón con vistas a recuperar su bicicleta y, con ella, su vida.

Esta película de Vittorio de Sica y con excelente guión de Cesare Zavattini cuenta la historia de un hombre que, literalmente, se está buscando la vida. Y es que eso es precisamente lo magistral de la obra, el saber concretar en un objeto tan banal como una bicicleta la vida de una persona. Antonio Ricci sabe que, si no tiene una bicicleta, se muere de hambre, y es esa situación de estar al límite lo que le lleva, al final de la película, a hacer lo que ningún hombre bueno como él haría: robarle la bicicleta a otro. Pero cuando el hambre aprieta ya se sabe. A propósito de esta escena final, he de decir que me parece todo un ejemplo de lo que debe ser una realización perfecta. Eso es CINE con mayúsculas, eso es contar con imágenes. Toda esa fuerza logra transmitirse, por supuesto, por la genial interpretación de Maggiorani y Staiola (ninguno de los dos actor profesional en el momento de rodar la película), y si encima le añadimos la excelente música de Alessandro Cicognini tenemos una película prácticamente perfecta, lo que se viene llamando una joya cinematográfica.
Por último, es reseñable también la presencia del movimiento obrero en el filme, muy lógico en las películas neorrealistas, antifascistas por definición.
Lo dicho, CINE con mayúsculas de obligatorio visionado.


miércoles, 7 de abril de 2010

GINGER Y FRED, Federico Fellini (1985) [4,8/10]

Amelia (Giulietta Masina) y Pippo (Marcello Matroianni) fueron unos grandes imitadores de la popular pareja Ginger Rogers y Fred Astaire. Treinta años después de su separación, han vuelto a juntarse para un programa televisivo especial de Navidad, donde llevarán a cabo su última función.

A través de esta historia, que lleva por título Ginger y Fred, Federico Fellini realiza una crítica contra la televisión y su frialdad a la hora de tocar temas como el arte, el cual salpica con suciedad publicitaria. Amelia se siente incómoda ante la aparente improvisación con la que se funciona en televisión, mientras que Pippo parece más conocedor del medio, más consciente de que no hay nada que hacer con todos esos “teledependientes”. De hecho, Pippo prepara un discurso final para después del número, en el que pretende criticar esa teledependencia borreguil, pero finalmente no lo enuncia. Muy bueno el momento en el que vemos una mujer contando el trauma que le ha supuesto vivir durante un mes sin televisión. A través de huelgas de hambre, enanos y otras muchas frivolidades convertidas en espectáculo, la televisión acaba por perderle el respeto al arte y asesinarlo, y es que la televisión jamás podrá compararse con el teatro.

He de decir que Giulietta Masina no termina de gustarme. No sé, tiene una cara y una mirada que me pone nervioso y que no me termina de transmitir nada. El 75% de la película es bastante coñazo, y no remonta el vuelo hasta los treinta minutos del final.



viernes, 5 de febrero de 2010

POCILGA, Pier Paolo Pasolini (1969) [6/10]

En 1969 el polémico director italiano Pier Paolo Pasolini dirigió Pocilga, película que, junto con Teorema y Saló, constituye una trilogía donde la crítica a la sociedad consumista y capitalista es mordaz, llegando a ser hasta desagradable.
Pocilga cuenta dos historias, las cuales tienen lugar en distinto tiempo y espacio. Una de ellas la protagoniza un caníbal (Pierre Clémenti) en una época indeterminada al que se le van uniendo más caníbales en su caza de carne humana. La acción transcurre en un árido terreno volcánico, y llama la atención que la única vez en que se habla es al final para decir: “He matado a mi padre, he comido carne humana y tiemblo de alegría”.
La otra historia tiene lugar en un palacio burgués en 1968, donde un joven de nombre Julián (Jean-Pierre Léaud) mantiene interesantes conversaciones con su prometida Ida (Anne Wiazemsky) acerca de la revolución, del muro de Berlín y del conformismo.
Es curioso que, aunque ambas historias no tienen aparentemente nada que ver entre sí, acaban igual: con el protagonista devorado por los animales (lobos en el caso del caníbal; cerdos en el caso de Julián). Pueden encontrarse en la historia del burgués ciertas referencias al holocausto judío, desde el pintoresco aspecto hitleriano del padre de Julián (Alberto Lionello) hasta la necesidad que tienen los personajes de cambiar sus nombres para que no se les reconozca como nazis, pasando por el querer ocultar lo ocurrido a Julián en la pocilga de los cerdos a base de no decir nada. Si no se cuenta, no se sabe, y si no se sabe, no ha sucedido.
He de decir que muchas de las opiniones vertidas en esta entrada son sólo eso, opiniones, pues, aunque el filme no me ha aburrido y en ningún momento se me ha hecho pesado, no he terminado de entenderlo del todo, y quizá necesite de un segundo visionado.
En cuanto a la realización, es bastante mejorable: los saltos de eje son bastante descarados, y uno tiene la sensación de estar viendo una película que se está improvisando sobre la marcha, factor que viene incrementado por el carácter teatral del filme.
En definitiva, Pocilga no es una película a evitar, pero tampoco es el peliculón del siglo. Saló me gustó más.