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sábado, 12 de noviembre de 2011

ALGUIEN VOLÓ SOBRE EL NIDO DEL CUCO, Milos Forman (1975) [7,7/10]

Una de las películas más bonitas acerca de a libertad que he visto últimamente es Alguien voló sobre el nido del cuco, del checoslovaco Milos Forman, basada en una novela de Ken Kesey. Encuentro formidable que se presente la libertad ligada a la desobediencia, a la rebelión contra las instituciones que oprimen al ser humano.

Para ello, la historia se sirve de la manida metáfora de equiparar la totalidad de la sociedad a un pequeño manicomio, que lleva a la obligada pregunta de quién es el loco aquí. De hecho, salvo excepciones, la totalidad de la película se desarrolla en el interior del manicomio, y uno termina de ver la película de Forman con la sensación de que lo que falta aquí son locos idealistas que nos ayuden a salirnos de la rutina, que nos enseñen a disfrutar. En definitiva, que nos hagan vivir.

El protagonista de la historia es Randle McMurphy, interpretado por un ya típico Jack Nicholson, que llega a un centro psiquiátrico, donde, pasando por encima de la rígida e inexpresiva enfermera Ratched (Louise Fletcher), muestra a sus compañeros de "prisión" los valores de la vida y la importancia de la libertad para el ser humano.

La interpretación de todos los actores es adecuada, siendo que muchos de ellos pasarán posteriormente a engrosar las filas de los actores más consolidados de Hollywood, como es el caso de Danny de Vito o Christopher Lloyd.

La preciosa música de Jack Nitzsche huele a libertad, y acompaña a una realización sobria, no pretenciosa, que logra una correcta atmósfera fría gracias a la fotografía de Haskell Wexler. La puesta en escena, recordará más adelante a la que utilice Kubrick para La chaqueta metálica.

jueves, 1 de julio de 2010

EL VIAJE A LA FELICIDAD DE MAMÁ KÜSTERS, Rainer Werner Fassbinder (1975) [8,3/10]

Harto de su situación laboral y económica, un obrero de una fábrica de jabones ha asesinado al hijo de su jefe y posteriormente se ha suicidado. La noticia ha sentado como un tiro a su viuda (Brigitte Mira), quien, lejos de encontrar apoyo en sus hijos, se ve sola y asediada por una horda de periodistas en busca de sensacionalismo y morbo. La viuda luchará contra viento y marea por limpiar el nombre de su marido y por explicar su situación económica y las razones que le llevaron a hacer lo que hizo.
En El viaje a la felicidad de Mama Küsters Fassbinder nos muestra hasta qué punto la gente es capaz de ser extremadamente ruin con tal de favorecer sus intereses. La pobre mujer lo único que quiere es que se corrija la información ofrecida por los diarios de su marido, pero se encuentra con que aquellos que en teoría la pretenden ayudar únicamente están utilizándola: los periodistas desde el momento en que mienten acerca de su marido para ofrecer sensacionalismo y ganar dinero, el partido comunista para ganar votantes, y el grupo de afinidad anarquista para llevar a cabo una acción contra la revista.
Del mismo modo, el maestro alemán pone de vuelta y media a la gente del mundo del espectáculo, representada por la hija de la señora Küsters (Ingrid Caven), quien está dispuesta a dejar manchado el nombre de su padre si con ello logra éxito en su carrera como cantante.
Para esta película Fassbinder vuelve a contar con la actriz Brigitte Mira, quien también participa en otras películas del prolífico director como Todos nos llamamos Alí y Lili Marleen.
En definitiva, con esta película, el director vuele a dar una vez más en el centro de la diana cuando de criticar a la sociedad que le rodea se trata. Genial película.



viernes, 28 de mayo de 2010

TIBURÓN, Steven Spielberg (1975) [8'5/10]

Si no haber visto ciertas películas a estas alturas fuese pecado, hace ya mucho tiempo que yo me habría ganado una lujosa estancia en el infierno. Por eso, hoy he aportado un granito de arena más para lograr mi pasaporte al cielo viendo una obra que, si bien conocía, no la había visto aún. Hablo de Tiburón, de Steven Spielberg.

La historia de Tiburón, basada en la novela homónima de Peter Benchley, se desarrolla en un pueblecillo costero que vive del turismo veraniego. Ocurre que este verano uno de los bañistas es nada menos que un tiburón blanco con mucha hambre, con lo cual el pánico está servido y Spielberg puede pulsar el REC para contarnos la historia con imágenes.
Spielberg, junto con otros de su quinta como Scorsese, Coppola o Lucas, forma parte de lo que se conoce como Nuevo Hollywood, ese periodo en el que el séptimo arte tiene que vérselas con la televisión y, debido a la proximidad en el tiempo de la Guerra de Vietnam, la presencia de la violencia en las pantallas es constante. Esto, al igual que en El Padrino o en cualquier filme de Scorsese, también puede rastrearse en Tiburón, donde se nos presenta una sociedad materialista, superficial, corrupta y violenta. No importa que la vida de los niños jugando a la pelota en el agua corra peligro mientras los turistas sigan llegando y los negocios vayan bien.
Me ha llamado poderosamente la atención el personaje de Quint, interpretado por Robert Shaw. Si su presentación es rompedora y otorga a la película una fuerza considerable, la cosa mejora en el momento en que se suelta ese discurso de marcado carácter antibelicista (recordemos de nuevo la proximidad de Vietnam) acerca de sus infortunios en la guerra, cuando tuvo que entregar la bomba que destrozaría Hiroshima.

Tiburón fue la primera película que se estreno en todas las salas de Estados Unidos a la vez, destacando su fuerte campaña de marketing y promoción. La película, con algún susto que otro por ahí, es realmente magistral, e histórica es ya esa banda sonora de John Williams que, sólo con oírla, nos empuja a mirar a nuestro alrededor en busca del tiburón.


martes, 26 de enero de 2010

DERSU UZALA, Akira Kurosawa (1975) [7/10]

En la taiga siberiana de la primera década del siglo XX se desarrolla Dersu Uzala, película de 1975 del director japonés Akira Kurosawa.

Ganadora del Óscar a la mejor película extranjera, Dersu Uzala cuenta la historia del capitán Vladimir Arseniev (Yuri Solomin), quien acude a los bosques de la taiga siberiana acompañado por un grupo de soldados para medir la topografía del terreno. En el bosque se encuentran con un simpático cazador llamado Dersu Uzala (Maksim Munzuk), quien les guiará en su expedición gracias a su profundo conocimiento de la taiga y de sus senderos. Por un lado, la película nos muestra la amistad que con el paso de los días empieza a florecer entre el capitán y Dersu, y por otro, lo cruel que resulta la destrucción del medio natural a manos del hombre. Dersu Uzala me ha parecido uno de los personajes más interesantes a los que me he enfrentado últimamente: un hombre que perdió a su familia y que vive en perfecta simbiosis con el bosque, como un animal más, junto al resto de “personas”. Tanto es así, que cuando él muera el bosque de la taiga también morirá con él. Vemos en Dersu Uzala un hombre que se va haciendo mayor con el paso tiempo, y del mismo modo que los viejecitos urbanos acaban por volverse inútiles en una sociedad que se les ha quedado demasiado avanzada, los viejecitos de la taiga como Dersu experimentan el mismo proceso: se hacen inútiles dentro su entorno y éste acabará por tragárselos.
Genial también la crítica que se hace a la sociedad urbana y civilizada a través de las inocentes objeciones de Dersu: ¿Por qué vamos a pagar el agua y la madera, si en el bosque hay mucho de ambas?
Al igual que me pasó con Rashomon, esta película se me ha hecho ligeramente pesada al principio, pero después he acabado por cogerle el gusto, y he disfrutado con Dersu y su peculiar forma de hablar. Sea como sea, Dersu Uzala es una película preciosa que constituye una defensa de la naturaleza en su vertiente más ecologista y una exaltación de la amistad en su vertiente más moral. Bastante recomendable.