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miércoles, 7 de julio de 2010

PAISAJE EN LA NIEBLA, Theo Angelopoulos (1988) [6/10]

Dos niños se escapan de casa en busca de su desconocido padre, que según creen está en Alemania. A base de irse colando en los trenes que parten hacia Alemania, los dos niños emprenderán un viaje en el que vivirán trágicas experiencias.
Anteriormente ya se comentó en este blog otra película del mismo director: La mirada de Ulises. Siendo Paisaje en la niebla la segunda película que veo de Theo Angelopoulos encuentro entre una y otra cinta ciertas similitudes. Para empezar, ambas consisten en un viaje, el cual podrá ser explicado por los más entendidos en la filmografía del cineasta griego atendiendo a las connotaciones poéticas y simbolismos que tiene en tanto que viaje interior de los personajes. Si en La mirada de Ulises veíamos a A en busca de la primera mirada efectuada por los hermanos Manakis, en Paisaje en la niebla vemos a Voula y Alexandro en busca de ese padre al que no conocen. Y todo ello envuelto en una niebla escalofriante que, supongo, impregnará gran parte de la filmografía de Angelopoulos. Otra escena que me ha recordado al filme que posteriormente haría en el 95 es esa escena en la que un helicóptero saca una descomunal mano de una estatua. Es seguro que esta escena es el antecedente de lo que en La mirada de Ulises será ese despiece de la gigantesca estatua Lenin, cabeza del líder soviético incluida.
En el aspecto técnico volvemos a encontrar esos rasgos típicos que definen el cine de Theo Angelopoulos, como son los eternos planos secuencia (los cuales, por cierto, se acentuarán aún más en La mirada de Ulises) y los silencios que llegan, en ocasiones, a ponernos nerviosos. Cine muy contemplativo, demasiado para algunos, que nos remite a Tarkovski y, si me apuras, en algunas ocasiones a la Ordet de Dreyer. La música corre a cargo de la genial Eleni Karaindrou, quien volverá a colaborar con el director en La mirada de Ulises, y que contribuye necesariamente a lograr esa atmósfera de nostalgia y melancolía.
Pero no se puede dejar de comentar Paisaje en la niebla sin referirse a esa espectacular escena de violación tan escalofriante, aún sin mostrarnos nada el director. Y es que es precisamente eso lo que hace estremecedora a esa escena, el hecho de que tengamos que imaginarla, porque todo ocurre oculto a nuestros ojos, sin que lo podamos ver.
Desde luego, Theo Angelopoulos no es un cineasta cualquiera. Su cine no va dirigido a todos los públicos, no sólo en tanto que trata temas poco adecuados para los niños, sino que se requiere cierta formación en cuanto a literatura griega clásica se refiere, así como cierto conocimiento sobre la historia de Grecia, la cual es explorada por Angelopulos a lo largo de su filmografía.


domingo, 30 de mayo de 2010

LA MIRADA DE ULISES, Theo Angelopoulos (1995) [7/10]

La mirada de Ulises es una película del director griego Theo Angelopoulos que se llevó el Gran Premio del Jurado y el FIPRESCI en Cannes en 1995. En ella asistimos al regreso de un director de cine (Harvey Keitel) a su tierra en busca de tres bobinas rodadas por los hermanos Manakis, los primeros cineastas griegos, que se cree que albergan en su seno la primera película griega sin revelar.

A través del viaje de A, que así es como, según el estudioso de Angelopoulos Andrew Horton, aparecía el nombre del director en el guión original (¿quizá se llame así por Angelopoulos?), el espectador recorre los diferentes escenarios de la península balcánica sumergida en los conflictos bélicos de la época. En ese viaje en el que A en busca de las tres bobinas cumple el mismo papel que Ulises en busca de Ítaca, asistimos a un paisaje de filmotecas y cines destruidos por las bombas. También vemos niebla y melancolía, la cual viene reforzada por la excelente música de Eleni Karaindrou. El director asiste mediante sus recuerdos a escenas de su pasado, familiares y amorosas, todas ellas envueltas en un poso de nostalgia.

En lo que a la realización se refiere, llaman la atención los planos larguísimos que se marca el director, en algunos casos secuencia, los cuales funcionan a la perfección gracias a unos actores de raza como son Keitel y Erland Josephson, que se olvidan de la cámara para convertirse en los personajes que interpretan. En este sentido cabe destacar la escena en la que el director asiste al fin de año (en verdad son varios fines de año) que celebraba con su familia, todo rodado en una toma, por no hablar del escalofriante fuera de campo del final.
Las referencias al cine también son de agradecer: esos brindis a la salud de Dreyer y Murnau, esa filmoteca que alberga copias de Metrópolis y de Persona, pero por favor, no más desnudos integrales de Harvey Keitel.