sábado, 28 de agosto de 2010

CON FALDAS Y A LO LOCO, Billy Wilder (1959) [8,5/10]

En 1959 el maestro Billy Wilder sorprende con una de las mejores comedias de la Historia del Cine como es Con faldas y a lo loco, protagonizada por el trío Lemon, Monroe y Curtis.
Jerry (Jack Lemon) y Joe (Tony Curtis) son un contrabajista y un saxofonista de una banda de música que apenas les reporta beneficios. Una mañana se enteran de que en Florida necesitan precisamente un contrabajo y un saxo para una actuación, con lo que si consiguen el trabajo podrían mejorar su situación económica. Pero hay una pega: lo que se necesitan son mujeres, porque la banda es femenina. Además, ocurre que los dos protagonistas han sido testigos de la matanza de San Valentín, por lo que se ven obligados a huir perseguidos por los mafiosos, y qué mejor forma de hacerlo que disfrazándose de mujeres e infiltrándose en la banda musical femenina rumbo a Florida.

A partir de aquí el genio Billy Wilder desarrolla una desternillante comedia que difícilmente conocerá parecido en otros filmes, donde vemos de lo que son capaces algunas personas con tal de conseguir algo de dinero en plena Depresión. En un primer momento puede parecer machista la representación que del comportamiento de la mujer protagonista, interpretada por la guapísima Marilyn Monroe, hace el realizador. No olvidemos que una de las principales metas en la vida de Sugar es casarse con un millonario, y que considera que un hombre le trata bien cuando le compra muchas cosas. No obstante, bien mirado esto se convierte más bien en una crítica precisamente a ese comportamiento, donde lo material cobra tanta importancia, y lo superficial parece ser lo único que cuenta.

Con faldas y a lo loco
constituye una clase magistral de lo que debe ser un buen guión, pues lo cierto es que nos encontramos ante una construcción perfecta. Es ingeniosísima la forma en que Wilder y I.A.L. Diamond articulan cada elemento de la historia para que esté en su sitio clavado. Nada sobra y nada falta, la historia funciona con la precisión de un reloj suizo y los personajes son creíbles y bordados al cien por cien. La excelente interpretación de los actores, destacando el fetiche de Wilder Jack Lemmon, pone la guinda para que esta obra sea considerada toda una joya del séptimo arte.

martes, 24 de agosto de 2010

LA HUELGA, Sergéi M. Eisenstein (1924) [7,5/10]

Unos obreros de una fábrica están hartos de su pésima situación laboral. La gota colma el vaso cuando un compañero, tras ser acusado de ladrón por sus jefes, decide poner fin a su vida. Estalla una huelga que se extenderá por todo el distrito y que enfrentará a los obreros contra los patrones y la policía enviada por éstos.

La huelga de Eisenstein es un ejemplo más de cómo el Gobierno de la URSS entendía el cine como medio para llegar a unas masas analfabetas en su mayoría. Como se irá viendo en otras producciones de cine soviético, el mundo obrero y del trabajo está continuamente presente, y siempre desde una óptica de clase. Vemos máquinas en movimiento, pobreza en las casas de los trabajadores, ropa sucia, asociación para hacer frente al enemigo, líderes revolucionarios, etc.
Eisenstein demuestra que es una figura decisiva en lo que a montaje se refiere, especialmente en esa escena donde se integran, mediante montaje paralelo, imágenes de obreros siendo masacrados por la policía con otras imágenes de vacas siendo sacrificadas en el matadero. Puro cine. Del mismo modo llama la atención la conciencia que Eisenstein tenía del poder de la imagen.
Hoy día nos parecen obvias e incluso maniqueas, pero la concatenación de imágenes que el cineasta ruso desarrolla otorga una fuerza al film impresionante. Esos primeros planos de patronos riendo enfrentados a los otros de los obreros sufriendo y llenos de ira, así como los fundidos entre imágenes que muestran obreros de brazos cruzados y máquinas parándose ponen los pelos de punta a cualquiera.
Destacan en el filme las preciosas tomas de las cargas en el edificio de apartamentos de los obreros, donde vemos que el director tiene un perfecto sentido de la composición del cuadro. También llama la atención la estremecedora escena del niño pequeño bajo los pies del caballo de la policía, o esa otra en la que un policía tira por el balcón al bebé de un obrero, imágenes que servirán de inspiración para la película que el año siguiente estará llamada a convertirse en una de las mejores obras de todos los tiempos: El acorazado Potemkin.

viernes, 20 de agosto de 2010

LA INFANCIA DE IVÁN, Andréi Tarkovski (1962) [7/10]

La primera película de uno de los directores soviéticos más importantes como es Andréi Tarkovski fue La infancia de Iván, la cual fue galardonada con el León de Oro en el Festival de Venecia de 1962.
La película nos cuenta cómo vive la guerra un chaval de unos doce años (Nikolai Burlyayev) que, tras haber sido su madre asesinada por los nazis en la guerra, realiza labores de espionaje para el ejército soviético.
Destaca la estética de esos sueños que tiene el joven Iván en los que recuerda a su madre, con extrañísimos movimientos de cámara y demás elementos vanguardistas que ya anticipaban que no se estaba ante cualquier director, sino que Tarkovski era alguien que iba a dejar su huella entre los dinosaurios del séptimo arte cuando abandonase esta vida. Y de hecho así fue. Andréi Tarkovski es considerado a día de hoy como uno de los mejores cineastas de todos los tiempos, aún a pesar de su corta filmografía truncada por la burocracia del Estado soviético. No obstante hay que decir que, a pesar de lo dicho, este filme dista bastante del posterior Andréi Rubliov, más cuidado estéticamente y más espiritual, aunque también es verdad que ambos filmes empiezan con una escena muy parecida: una persona volando.
Con unas preciosas imágenes de la madre de Iván que transmiten una nostalgia acerca de cómo podría haber sido la existencia del niño de no haber habido contienda, La infancia de Iván es una preciosa película que, lejos de cantar las glorias del Ejército Rojo, se dedica a reflexionar acerca del coste humano que la guerra trae consigo.

También hay que decir que esas escenas finales en las que vemos a Goebbels chamuscado y a los oficiales del Ejército Rojo bailando al son de la música soviética no tienen precio.


lunes, 16 de agosto de 2010

SOÑADORES, Bernardo Bertolucci (2003) [7/10]

La última película del director italiano Bernardo Bertolucci es Soñadores, ambientada en el mayo del 68’ francés. Matthew (Michael Pitt) es un universitario estadounidense que ha ido a estudiar a París, cuya filmoteca es la que le prepara mejor para conocer la lengua del país galo, de ahí que se pase allí tardes enteras viendo películas de todos los géneros y de todas las épocas. Es en la filmoteca donde conoce a Theo (Louis Garrel) e Isabelle (Eva Green), dos hermanos que mantienen una peculiar relación entre sí. Estos nuevos amigos le descubrirán un mundo nuevo a Matthew, tanto a nivel cinematográfico como a nivel sexual.
Soñadores es una película que, si bien no pretende recoger científicamente los hechos que acontecieron durante el mayo francés y mucho menos leerlos en clave política, sí busca traer a nuestros días el espíritu que invadía los corazones de todos aquellos jóvenes: cómo sentían, qué aire respiraban, hasta qué punto ellos se creían su revolución. Es el particular retrato que Bertolucci hace de esos años en los que se buscaba la playa bajo los adoquines de las plazas, se llevaban pósters de Mao y del tío Ho y se amaba la revolución.
El conflicto entre generaciones se hace patente cuando se deja claro que siempre serán mejor los padres de otros, pero nuestros abuelos siempre son los mejores. Adultos desencantados contra jóvenes soñadores y utopistas.
La película posee una cantidad de referencias que hace esbozar a todos los cinéfilos una sonrisa al verlas: ese querer batir el récord en recorrer el Louvre, esa música de Los cuatrocientos golpes, Isabelle creyéndose Jean Seberg vendiendo el New York Herald Tribune por los Campos Elíseos, discusiones acerca de quién es mejor: Búster Keaton o Charlie Chaplin, etc. Y todo ello envuelto en la música de Janis Joplin y discusiones sobre Eric Clapton y Jimi Hendrix.
Película genialmente contada que únicamente se viene abajo por la escasez de verosimilitud en la relación entre los hermanos. No estaría de más que se diese una mínima explicación acerca de su comportamiento, pero suponemos que entra dentro de las reglas del “todo vale” sexual por una mayor libertad del individuo.
Soñadores es cine, sexo y revolución, comunistas de salón amantes de la revuelta que únicamente contemplaban la revolución como fin en sí mismo, y no como medio para cambiar las cosas. Una hermosa obra de uno de los más importantes cineastas italianos.

jueves, 12 de agosto de 2010

EL HALCÓN MALTÉS, John Huston (1941) [7,5/10]

Basada en la novela homónima de Dashiell Hammett, El halcón maltés de John Huston es la película que supone el pistoletazo de salida del cine negro, así como la carta de presentación de su director. Con un genial Bogart y una no muy agraciada Mary Astor, John Huston realiza una obra maestra influida por el Expresionismo Alemán en cuanto a estética se refiere, que presenta una trama policiaca en un mundo en decadencia muy influido por los acontecimientos que golpeaban a Europa y que salpicarían también a los Estados Unidos.
Tras el asesinato de su socio Miles (Jerome Cowan), llega al despacho de Sam Spade (Humphrey Bogart) un misterioso señor Cairo, interpretado magistralmente por Peter Lorre, que pretende encontrar una figura de un halcón valorado en muchísimo dinero. A medida que la trama vaya avanzando el espectador se irá sumergiendo en una sociedad corrupta e individualista, donde uno no sabe de quién fiarse y a quien creer, porque parece que ninguno de los extraños personajes tiene buenas intenciones.
John Huston desarrolla la historia de Hammet, donde la búsqueda de ese halcón es la que hace avanzar la acción con un ritmo frenético. La figura del halcón sería, por lo tanto, aquello a lo que se refería Hitchcock cuando hablaba del mcguffin, ese material con el que se forjan los sueños.

Es la primera película de su director, quien aprendió el oficio por medio de otro peso pesado como es William Wyler. Hay que decir también que en la película sale el padre de John Huston, el actor Walter Huston, interpretando al marinero que trae el dichoso halcón al despacho de Spade. Se dice que, mientras que Huston era un hombre de rodajes rápidos, tuvo que rodar esta escena hasta veintitres veces.


domingo, 8 de agosto de 2010

LAS UVAS DE LA IRA, John Ford (1940) [8/10]

Tras haber realizado La diligencia, en 1940 John Ford vuelve a la carga con otra película que, en cierto modo, se le asemeja. Nos estamos refiriendo a Las uvas de la ira, basada en la novela homónima de John Steinbeck, quien fue galardonado con un Premio Pulitzer.
Decimos que se asemeja en el sentido en que, igual que pasaba en el ya mítico western, el director norteamericano demuestra la habilidad de concentrar en un espacio tan pequeño como un camión (en el caso de la película del 39 una diligencia) todas las características de la sociedad estadounidense del momento. Si en La diligencia veíamos a una puta, a un alcohólico y a un delincuente entre otros personajes que les marginan y les miran por encima del hombro, en Las uvas de la ira nos encontramos con una familia golpeada por la Gran Depresión que se ve obligada a emigrar a California en busca de trabajo. En este segundo caso es la economía la que les mira por encima del hombro, a ellos y a la gran parte de la población en su mayoría.
Lo cierto es que en la obra se pueden vislumbrar elementos característicos de la lucha de clases que incluso el propio Marx aprobaría. Asistimos a jornadas de huelga, en donde la familia de Tom Joad (Henry Fonda) ejerce sin quererlo de esquiroles. También vemos agitadores y perros al servicio de los terratenientes que buscan sembrar conflicto y caos.
Son muy llamativas esas conversaciones que Tom mantiene con su madre (Jane Darwell), destacando ese discurso final que se suelta Tom, y también el de la madre, el cual cierra la película. Las uvas de la ira es la historia de una época en la que era importantísimo no perderle el miedo al enemigo, enfrentarse a él y luchar contra las adversidades económicas que generaba su sistema. Así, vemos al predicador Casy (John Carradine) pasarse al bando del comunismo, por ejemplo.
En definitiva, Las uvas de la ira es una obra maestra del genio del western que sirve incluso como desmentido hacia aquellos que alguna vez tacharon a John Ford de carca y conservador.


miércoles, 4 de agosto de 2010

SECRETOS DE UN MATRIMONIO, Ingmar Bergman (1973) [5,5/10]

Johan (Erland Josephson) y Marianne (Liv Ullman) son un matrimonio aparentemente feliz, de clase media-alta y con dos niñas, Karin y Eva. Marianne trabaja como abogada familiar, y presta su ayuda a aquellas parejas que se están separando, de forma que puedan afrontar el divorcio de la manera menos dañina posible para ambos. Lo que no sospecha es que un día tendrá que ser ella la que actúe como paciente de sí misma, pues su relación con Johan empieza a empeorar.
En esta película tan abstracta de Ingmar Bergman, el autor explora los conflictos que se dan en toda relación sentimental, desde los celos hasta las infidelidades, pasando por el aburrimiento sexual. Decimos que se trata de una película abstracta porque está construida prácticamente en su totalidad a base de primeros planos, otorgando así mayor protagonismo al conflicto interno de los personajes, muy influido esto, seguramente, por el también director nórdico Carl Theodor Dreyer. El ser humano sabe mucha física y muchas matemáticas, pero no se conoce a sí mismo, no conoce su alma y su lado más sentimental y emocional, de ahí que las relaciones con nuestras parejas vengan tan cargadas de errores, malentendidos y discusiones. No obstante, una relación es algo más que un matrimonio y una firma en un papel, por lo que hay vida más allá de las rupturas y los divorcios.
La música es ausente, incluso en los títulos de crédito de fondo verde, y la fotografía vuelve a correr a cargo de Sven Nykvist. Muchos califican Secretos de un matrimonio como la obra maestra de Bergman, y sin duda nos encontramos ante un filme maduro y muy bien construido, pero su excesiva densidad la hace a veces un poco pesada.


sábado, 31 de julio de 2010

SUNSHINE CLEANING, Christine Jeffs (2008)

De los creadores de la exitosa Pequeña Miss Sunshine llega a España Sunshine Cleaning, la historia de dos hermanas que, obligadas por sus circunstancias económicas, ponen en marcha un negocio de limpieza de escenas de crimen.

Sunshine Cleaning es un intento de comedia cuyo principal sustento es la interpretación de las dos protagonistas Amy Adams y Emily Blunt. Demasiado superficial en su tratamiento de los personajes y sus relaciones, la película llega a hacerse aburrida por momentos y ni siquiera roza de lejos la emoción. Hay muchas relaciones entre los personajes, como la del niño y su abuelo o la de Norah con Lynn, a las que apenas se da juego, quedando un filme soso y ya no digamos ausente de comedia.

Hay puntos que son pasables, como por ejemplo el conflicto que Norah padece a causa de la muerte de su madre, pero que se ven sepultados, aparte de por no ser explotados como cabría esperar, por otros estúpidos momentos que favorecen el que la película haga aguas. Si no, ¿qué diablos quiere decir esa escena nocturna en la que Norah, en compañía de Lynn, respira las chispas que saltan al pasar el tren por la vía?

Sunshine Cleaning es una nueva entrega que nos brinda el cine independiente norteamericano que, aunque se deja ver, puede generar decepciones en más de uno. Sobre todo si lo que se espera es una comedia.

miércoles, 28 de julio de 2010

TRES COLORES: BLANCO, Krzystof Kieslowski (1994) [6/10]

La segunda de la famosa trilogía de los colores de Kieslowski es Tres colores: Blanco, protagonizada por Zbigniew Zamachowski y Julie Delpy. Karol es un emigrado polaco que trabaja en Francia y a quien su mujer abandona por no ser lo suficientemente satisfactorio en la cama. Tras una serie de putadas que ella le hace, regresa a su Polonia natal para empezar una nueva vida y salir adelante.
Quizá porque ya había visto Azul y me podía hacer una idea de qué tipo de film iba a ver, Blanco me ha gustado más que la primera de la trilogía de los tres colores. Los personajes me han atraído más, la historia creo que era más interesante y, creo que el simbolismo era menor.
De nuevo Preisner vuelve a estar a la batuta con una preciosa partitura, y la interpretación de Zamachowski hace el resto para que el filme se deje ver. Y dijo “se deje ver” y no “sea un obra maestra” porque de nuevo la película no me dice nada más allá de lo que veo. Creo que no estoy hecho para esta trilogía. No obstante, la sorpresa de ver a Juliet Binoche entrar en el juicio y volver a presenciar la escena que ya habíamos visto en Azul desde otro punto de vista ha captado poderosamente mi atención, y ya tengo ganas de pillar la tercera para rematar la trilogía de los colores. Del mismo modo, volvemos a ver a una persona anciana pasándolas canutas para tirar un simple vidrio al contenedor correspondiente. Es decir, vistas las dos primeras, me doy cuenta de que cada una de las tres películas que conforman la trilogía seguramente adquiera sentido una vez se hayan visto las otras dos. Así pues, ya estoy tardando en ver la tercera.

domingo, 25 de julio de 2010

TRES COLORES: AZUL, Krzystof Kieslowski (1993) [5/10]

La primera película de la trilogía que consolidaría a Krzystof Kieslowski como uno de los cineastas europeos más importantes es Tres colores: Azul, protagonizada por Juliette Binoche. Julie es una mujer que, tras la muerte de su marido y de su hija en un accidente de tráfico, trata de superarlo despojándose de todo lo material y espiritual que le ata.
Como ya decimos, se trata de la primera de una trilogía que pretende ser una especie de homenaje al país en el que el director polaco desarrolló gran parte de su trabajo. Así, cada película estaría asociada a un color de la bandera gala (azul, blanco y rojo) y a su vez a los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que trajo la Revolución Francesa.
Lo cierto es que el filme no me ha logrado enganchar. La interpretación es correcta y la película no es aburrida, de hecho se me ha pasado rápido y todo, pero debe ser que aún no estoy hecho para apreciar el cine de Kieslowski, demasiado simbolista quizás.
Por supuesto, la música de Zbigniew Preisner es preciosa, y la fotografía de Idziak no puede ser mejor, otorgando al filme, como no podía ser de otra manera, un tono azul que va desde una habitación hasta una piscina pasando por una lámpara. Pero el caso es que no la he terminado de disfrutar, no me ha emocionado. Quizá porque el personaje interpretado por Binoche no me ha llegado a generar empatía, o porque no he terminado de entender por qué actúa así, o porque sencillamente me falta cultura y formación para entender este tipo de cine.
Azul es una película muy europea, incluso en su argumento se hace referencia al viejo continente y la unificación de sus países. A uno nunca le dejará de sorprender lo diferente que puede llegar a ser el cine a un lado y a otro del Atlántico. Es otro ritmo, es otra cosa. Es cine europeo.

jueves, 22 de julio de 2010

LOS ASESINOS ESTÁN ENTRE NOSOTROS, Wolfgang Staudte (1946) [5/10]

Acabada la Segunda Guerra Mundial, y una vez Berlín ha capitulado, la ciudad trata de reconstruirse y volver a la normalidad. Susanne Wallner (Hildegard Knef) es una superviviente de un campo de concentración que regresa a Berlín para empezar de nuevo. Se encuentra con que en su casa habita el Doctor Hans Mertens (Ernst Wilhelm Borchert), aún no curado de las heridas psicológicas que le dejó la guerra, con quien, a base de compartir piso, vivirá una historia de amor.

Dirigida por Wolfgang Staudte, el principal interés de Los asesinos están entre nosotros reside en que se trata de la primera película producida por la DEFA (Deutsche Film-Aktiengesellschaft), el estudio cinematográfico de la ya desaparecida República Democrática Alemana.

Como no podía ser de otra forma en el cine de un país socialista, puede verse en la película la intención de los creadores de romper con el nazismo, algo que en otros países que también han padecido dictaduras, como es el caso de España, no podemos ni soñar. ¿O acaso alguien se imagina que el próximo taquillazo del cine español pueda ser una película en la que, al final, Fraga Iribarne es encarcelado por sus crímenes de Estado durante la dictadura?

Con influencia del Neorrealismo Italiano y con juegos de sombras traídos del Expresionismo Alemán, he de decir que Los asesinos están entre nosotros es una película que no está demasiado bien contada. El conflicto no termina de construirse bien, y en más de una ocasión tenemos la sensación de estar viendo una película en la que no está pasando nada.

La relación entre el Doctor y Susanne, lo siento pero no me la creo, y la justificación del principal tormento de él al final de la película me chirría bastante. La película empieza y acaba bien, pero entre medias tenemos un conjunto de imágenes que no sabemos muy bien qué es lo que nos quieren decir. Y al final ya descubrimos (¡ah!) que todo esto que hemos estado viendo viene por esto otro que ocurrió en el pasado. Lo siento, pero no me funciona.

En algunas ocasiones el montaje de la película es un pelín torpe, y uno no sabría decir si esa angulación de la cámara que inclina ligeramente la imagen está hecha adrede. Lo que sí llama la atención y es digno de reconocer son esos planos que muestran una Berlín en ruinas, destrozada, y cuyos planos recordaremos casi cincuenta años después cuando veamos El pianista, de Roman Polanski.


lunes, 19 de julio de 2010

LOS PUENTES DE MADISON, Clint Eastwood (1995) [9/10]

Que Clint Eastwood es uno de los mejores directores de cine que quedan sobre la faz de la Tierra es algo que muy poca gente pone en duda. En 1995 ese rostro que muchos asociaban al western y a los personajes-tipo-duro sorprendía con una cinta conmovedora basada en la novela de Robert James Waller. Nos referimos a Los puentes de Madison.
Francesca (Meryl Streep) es un ama de casa madre de una familia del Iowa de los años 60’. Lleva una vida aburrida que apenas se reduce a realizar las tareas domésticas y cuidar a sus hijos, y se siente sola y no apreciada por los suyos. Su familia se ausenta durante unos días, y será entonces cuando llegue al pueblo Robert Kincaid (Clint Eastwood), fotógrafo de la National Geographic, que con su personalidad cautivadora acabará por enamorar a Francesca y juntos vivirán una apasionada aventura romántica.

Los puentes de Madison es un peliculón, una de las obras que más me han emocionado últimamente. Hay que decir que el 90% del filme es la interpretación de esos dos actorazos que son Clint Eastwood y Meryl Streep, que con otros actores más mediocres nos encontraríamos ante una película ñoña y seguramente coñazo, pero que gracias a la increíble interpretación de esos dos pesos pesados de la pantalla la película no decae, y que por eso tenemos a día de hoy esta joya llamada Los puentes de Madison.
La película no tiene acción, en verdad no pasa nada a lo largo de las más de dos horas de metraje. La acción está dentro de cada personaje, dentro de Francesca y Robert. La película muestra cuatro días en los que un ama de casa VIVE, vive realmente, disfruta de su vida. Es como si se tomase unas vacaciones, tras las cuales tiene que regresar al trabajo. Lo duro de esta historia es que esas vacaciones jamás volverán a presentarse, porque esas cosas sólo pasan una vez en la vida, y nunca más Francesca tendrá oportunidad de volver a VIVIR.
Pero ha sido feliz, y eso después de todo es lo que realmente cuenta. Hemos de hacer felices a los de nuestro alrededor, y hemos de hacerles felices ahora, no esperar. Hemos de vivir el momento, y actuar, antes de que sea demasiado tarde.

Entiendo que, cuando se trata de una adaptación, hay que respetar la novela original del autor, pero lo cierto es que, en esta película de Clint Eastwood, es una pena que ya sepamos desde un principio que ese amor vivido por Francesca y Robert no va a llegar a nada. Porque sí es verdad que esa escena final estaría dotada de una mayor fuerza si no supiésemos qué es lo que va a pasar. O quizá no. Quizá lo que hace que esa historia de amor sea tan emocionante y tan conmovedora sea precisamente que no tiene futuro, que les vemos felices, disfrutando, pero que sabemos que no van a llegar a nada. Y precisamente por eso, quizás, cuando vemos a Francesca hacer amagos para abrir la puerta del coche, aunque sepamos que no va a hacer nada y que su amor con Robert no va a llegar a nada, aún albergamos esperanzas de que abra la puerta y se largue, de que todo eso que hemos venido sabiendo hasta ese momento de la película es mentira, y que en verdad ella y Robert fueron felices. Pero no.


viernes, 16 de julio de 2010

EL MANUSCRITO ENCONTRADO EN ZARAGOZA, Wojciech J. Has (1965) [4/10]

Empieza en una batalla donde uno de los soldados encuentra un manuscrito que se queda leyendo antes de que sus enemigos le hagan preso. La película cuenta la historia contenida en el manuscrito, que a su vez está formada por historias que cuentan sus personajes, que a su vez cuentan otras historias, quedando así el filme con una estructura parecida a una serie de muñecas rusas, lo cual hace que la película sea, cuando no aburrida, difícil de entender.
Basada en la novela del mismo nombre de Jan Potocki, El manuscrito encontrado en Zaragoza es la primera película de Wojciech Jerzy Has que veo y, aunque en su puesta en escena y su realización no es mala, se hace bastante aburrida, los personajes apenas son interesantes y la historia no logra enganchar.
Acorde con lo que estaba sucediendo en Europa y en el cine europeo en los años 60’, Has aprovecha el relato de Potocki para cargarse el lenguaje clásico y su estructura lineal, pasando mediante su curiosa estructura de un protagonista a otro y dividiendo el filme en dos partes. La cinta, además, posee determinantes elementos de surrealismo y fantasía que encajan a la perfección con las nuevas olas que estaban asediando el panorama cinematográfico europeo de entonces.
Ya se comentó en este blog La kermesse heroica de Jacques Feyder, película donde cobra importancia una etapa tan concreta de la Historia de España como es la de su esplendor imperial. Del mismo modo que en la película del director belga, El manuscrito encontrado en Zaragoza, que es, por cierto, una de las películas favoritas de Luis Buñuel, lo español vuelve a estar presente, aunque esta vez la historia está ambientada a principios del siglo XVIII.
Al hecho de que las historias se hagan pesadas y aburridas se incorpora el detalle de que el filme dura la friolera de tres horas, con lo cual contaba antes de sentarme a verla, pero en ningún caso llegué a imaginarme que esas tres horas podían hacerse tan largas hasta el punto de parecer seis.