viernes, 19 de agosto de 2011

STYLISH BLOGGER AWARD




Me comunican Isak Borg, autor del blog El amor después de mediodía; y Rafa Morata, autor de Parcelas de cine y todo un experto en Fassbinder, que he sido premiado con un Stylish Blogger Award, un premio simbólico que pretende reconocer la calidad de los blogs así como dar a conocer a los demás blogueros, creando una red de blogs interconectados.

Debo, además, nominar yo a siete blogs y concederle el codiciado premio a uno (o varios) de ellos, para posteriormente pasar a contar siete anécdotas que me hayan ocurrido y que de alguna u otra forma estén relacionadas con el cine.

Antes de nada, sí me gustaría agradecer de corazón a Isak Borg y a Rafa Morata su decisión de premiar a Huele a palomitas, un pequeño habitáculo virtual que con el tiempo se va convirtiendo en una suerte de templo del gafapastismo audiovisual, y al que siempre estarán invitados para dejar sus comentarios e impresiones.

Sin más, paso a mencionar los siete blogs:

- El amor después de mediodía, por la pasión por el cine que transmite en cada una de sus líneas.

- Crítico de bolsillo, por su sinceridad y su afán por conocer.

- Misión de audaces, por ser uno de los que me inspiró para lanzarme yo también a escribir un blog.

- I’m Mr. Kaplan, por su originalidad y su diseño.

- Parcelas de cine, por su personalidad y su universo propio.

- Cinema Paradiso, por sus programas y su formato.

- El cine según TFV, por la cantidad de datos que alberga en sus páginas.

Y ahora, las siete anécdotas:



- Era una reposición de Bambi, a principios de los noventa, y creo que fue la primera película que mi hermano veía en el cine. El caso es que cuando la película iba a empezar y las luces se apagaron, mi hermano de dos años y pico, con su lógica aplastante, gritó: “¡No apaguéis las luces, que no vemos!”.

- Celebraba mi cumpleaños, y para ello fuimos al cine a ver El guerrero número trece. Uno de mis amigos se estaba meando, hasta el punto de no poder aguantar más, y para cuando consiguió salir del patio de butacas sorteando a duras penas las rodillas de los espectadores ya era demasiado tarde: se lo hizo encima. Lo peor es que en los pantalones llevaba un chicle que más tarde dio desinteresadamentre a otro chaval. No me quiero ni imaginar a qué sabía.

- Yo puedo decir que he visto a la Duquesa de Alba en el cine. Fue en los Yelmo de la plaza de Jacinto Benavente, en Madrid. La película era Última llamada.

- La entrevista que hice como trabajo para la facultad a Javier Ocaña, crítico de cine de El País, así como el curso impartido por él a cuyas clases acudí muy gustosamente.

- Ir andando por la Gran Manzana con mi madre y mis hermanos y cruzarnos con Peter Coyote. Juro que no estoy de coña, era él.

- No se me ocurre una sexta anécdota.

- La última anécdota no la puedo contar aquí, pero para que el personal se haga una idea, tiene que ver con novia y sala de cine vacía. La película era Paisito.


Gracias a todo aquél que ha invertido parte de su tiempo en leer algo de lo que hay publicado aquí. Gracias por enseñarme y por hacer que el cine me guste cada día más.


martes, 16 de agosto de 2011

BILLY ELLIOT, Stephen Daldry (2000) [7,2/10]

Stephen Daldry debutó en el cine con Billy Elliot, una preciosa historia escrita por Lee Hall acerca de aceptarse a uno mismo y a los de nuestro alrededor. El escenario, al igual que en muchos otros dramas sociales como Full Monty, vuelve a ser la Inglaterra de Tatcher, sacudida por sus políticas neoliberales y plagada de conflictividad social. En el condado de Durham, un chaval llamado Billy Elliot (Jaime Bell) no es demasiado hábil con los puños para dedicarse al boxeo, pero parece que, por el contrario, lo que sí se le da estupendamente es el ballet. En medio de la preocupación de su familia por el camino que ha decidido tomar el chico, Billy se esforzará día a día por llegar lejos haciendo lo que mejor sabe y, lo más importante, lo que más le gusta.


El hecho de que el hermano y el padre de Billy, ambos mineros de profesión, estén metidos en pleno conflicto laboral, invita al espectador a reflexionar hasta qué punto estaría uno dispuesto a defender sus principios y convicciones si está en juego la felicidad de nuestros seres queridos.


Como no podía ser de otra forma en una película que tiene la danza como trasfondo, la banda sonora de Billy Elliot está plagada de temazos que animan todos y cada uno de ellos a mover el esqueleto, y salir calle abajo, como hacía Billy, bailando y corriendo, disfrutando. Porque ese es otro de los pilares sobre los que se asienta Billy Elliot: la importancia de hacer con nuestra vida lo que nosotros queremos, y no permitir que sean los demás quienes la dirijan.

viernes, 12 de agosto de 2011

EL FUEGO FATUO, Louis Malle (1963) [7/10]



Una de las películas más importantes de la Nouvelle Vague, aquella corriente cinematográfica que, influida por el neorrealismo italiano, vino a darse a finales de la década de los 50’ en Francia y que acabó por extenderse por toda Europa en forma de los llamados “nuevos cines”; una de las películas más representativas de estas nuevas olas, decimos, es El fuego fatuo, de Louis Malle.
En ella el director dirige un acertado golpe al corazón de la sociedad burguesa de principios de los 60’, plagada de nuevos ricos etnocentristas y snobs ególatras. Nos encontramos ante el viaje que Alain Leroy (Maurice Ronet) realiza por su pasado, visitando a sus antiguos amigos, camaradas y ligues, todos ellos ya maduros y casi peinando canas, algo que él parece incapaz de hacer, madurar.
Uno de los aciertos de Malle a la hora de afrontar la realización de El fuego fatuo es su negativa a irlo explicando todo conforme los acontecimientos van teniendo lugar. Así, deja que sea el espectador el que, por su propio pie, decida entrar en el universo interior de Leroy, identificarse o no con él, y participar de la experiencia que el director le propone.
El fuego fatuo constituye una reflexión y una invitación al debate en torno al cambio generacional, cuando ya se deja de ser joven e idealista y uno se da de bruces contra el muro de la realidad y de la hipoteca a pagar. Y ya no quedan ahí ni los camaradas, ni los amores, ni los amigos. Solo la soledad.


lunes, 8 de agosto de 2011

FUNNY GAMES, Michael Haneke (1997) [9,5/10]

Funny Games, de Michael Haneke, es una de las películas que más me ha afectado desde que me llevo interesando por el cine. Mucha gente de mi entorno la conocía y me hablaban de ella, me enseñaron algunas escenas, y lo que definitivamente me atrapó de ella fue su frialdad a la hora de tratar un tema como el de la violencia.


Funny Games presenta a dos jóvenes que se meten en la casa de una familia más o menos acomodada y les torturan por diversión. Así, Michael Haneke hace lo que mejor sabe: hablar de violencia haciendo añicos la arquetípica familia occidental, poniendo especial atención al papel que los medios de comunicación desempeñan en su tratamiento, convirtiendo al ciudadano-espectador en una suerte de voyeur morboso que, aunque sea desagradable, no puede evitar mirar lo violento que ocurre ante sus ojos. Es ese pequeño y ligero placer que nos proporciona la violencia.


De nuevo, Haneke vuelve a dejar claro que esa película es suya, no sólo en el tema, que como ya decimos es muy habitual en él; sino también en su técnica a la hora de contar la historia; no sólo en el contenido, sino también en la forma. Planos largos, eternos, crudamente realistas son los que nos regala el director austriaco, generando una atmósfera opresiva y maloliente, desagradable en cualquier caso, pero morbosamente placentera. El espectador-voyeur es partícipe más que nunca de la acción que transcurre ante él.
Uno de los recursos que mejor le funcionan al director en esta película es el uso de los contrastes. ¿Cómo nos imaginamos nosotros a unos asaltantes de viviendas que torturan a sus inquilinos? Pues violentos, gritones, nerviosos, amenazadores, en definitiva, malos. ¿Pero qué ocurre en Funny Games? Ocurre que Paul y Peter son dos de las personas más educadas que jamás se hayan visto en una pantalla, y es eso lo que da verdadero pavor al espectador, que está asistiendo a una contradicción tan insalvable que todos sus esquemas interiores se descolocan, y se vuelve excesivamente vulnerable ante las imágenes que visiona, resultando Funny Games toda una tortura para aquellos que sienten y padecen por las injusticias sufridas por los demás. En este sentido, conviene fijarse en el inmediato inicio de la película: música clásica, ¿y a continuación? La paz y la tranquilidad que se respiraba bajo las notas de Haendel son rasgadas de arriba a abajo por la música endiablada de un grupo de punk costroso a más no poder. Ello supone una de las formas más elegantes y originales de introducir al espectador en lo que va a ver durante la próxima hora y media.


Funny Games es fría como el polo norte, no se permite el menor grado de humanidad. El director no muestra la menor empatía para con la familia, y eso nos duele, y a la vez hace de la película algo majestuoso. Incluso afecta más en un segundo visionado.

jueves, 4 de agosto de 2011

NI NOCHE CON MAUD, Éric Rohmer (1969) [4,5/10]

Mi noche con Maud, de Éric Rohmer, cuenta la historia de un hombre católico (Jean-Louis Trintignant) que pasa una noche con Maud (Françoise Fabian), una amiga de un amigo; quien le ayuda a reflexionar y a tomar un importante decisión en su vida.


Salta a la vista que la película está realizada por un buen director, conocedor del oficio, y que ha puesto todo su empeño en hacer algo bastante aceptable. La realización, la fotografía y en general la puesta en escena denotan calidad, por lo que la película puede gustar más o menos, pero ahí ya únicamente intervendría la subjetividad del espectador.


En mi caso, quizá esté loco, pero creo que esta obra de Rohmer, una de las más importantes de la Nouvelle vague, es un coñazo bastante importante y digno de tener en cuenta.
De acuerdo, puede que la importancia, la esencia de la película, resida en sus diálogos acerca de Pascal, el matrimonio y el catolicismo, pero, llámenme banal, para eso me leo un libro. El cine, antes que diálogos, es movimiento, es acción (aunque sea interior), y una película que únicamente muestra a dos personas divagando acerca de temas interesantísimos deja mucho que desear en ese sentido.


La película parece querer hacer hincapié en esa sensación que tienen los verdaderos enamorados de que su relación es la definitiva, que todas las anteriores ya no importan, porque ésta y sólo ésta es la verdadera. Es algo así lo que le pasa a Jean-Louis en su noche con Maud.

domingo, 31 de julio de 2011

CELEBRACIÓN, Thomas Vinterberg (1998) [8,1/10]

Al igual que muchas otras personas, desde que lo conozco, he tenido la sensación de que el llamado “Movimiento Dogma 95” era un intento de llamar la atención por parte de ciertos directores con tendencia a la prepotencia, cuando no sencillamente imbéciles (como es el caso de Lars von Trier). Parece ser que allá por el 95, aún quedaba algún que otro mediocre que no se había enterado de que el cine ya había sido “reinventado” por un tal Godard en 1960, y que, quizá ante su incapacidad para hacer cine del de verdad, decidieron que eso de encuadrar mal, mostrar las imágenes desenfocadas o una fotografía al nivel del vídeo de mi comunión, eran cosas que no sólo no quedaban tan mal, sino que hasta eran originales, tanto como para crear una corriente cinematográfica y lograr que se hable de ti a lo largo y ancho de este mundillo del cine.

Junto con el mencionado von Trier, firmó el Voto de castidad del Dogma 95 otro director también danés llamado Thomas Vinterberg, siendo su película Celebración la que supondría el oficial pistoletazo de salida del Dogma 95 y una de las más celebradas entre los gafapastas fanáticos de dicho movimiento.

Celebración
nos sitúa en el 60 cumpleaños de un importante ricachón de Dinamarca cuya familia ha acudido a su lado para celebrar un banquete y una pequeña fiesta en su honor. Lo que nadie sospecha es que uno de sus hijos está dispuesto a pronunciar un afilado discurso que no dejará indiferente a ningún comensal. Tampoco al espectador.

Celebración es un drama familiar que viene a hacer una crítica demoledora y mordaz a la burguesía, a esas familias de ricos que únicamente se miran su ombligo y rezuman hipocresía por los cuatro costados. Puede apreciarse también cierto guiño hacia las clases populares en el enfrentamiento que tiene lugar entre el servicio y los comensales, acercándose así el filme ligeramente a la crítica social.

Celebración cuenta con un guión que va poco a poco. Al principio puede hacerse un poco confusa, pero pronto el primer golpe en el estómago acaba por llegar, pillándonos con la guardia baja, y a partir de ahí la película se pondrá de lo más interesante.


En definitiva, Celebración resulta una película muy entretenida, a la que únicamente reprocharía la aparición de algún que otro personaje que desentona demasiado (literalmente, además, y perdón por la broma), y la puñetera realización dogmática propia de estudiantes de primero de realización más que de verdaderos cineastas.

miércoles, 27 de julio de 2011

PERDICIÓN, Billy Wilder (1944) [8,6/10]



Una de las obras cumbres y fundacionales del cine negro es Perdición, dirigida por Billy Wilder y escrita junto con Raymond Chandler basada en una novela de James M. Cain.
Perdición trae a escena a una Barbara Stanwyck convertida en la femme-fatalle más temible de la Historia del Cine. Su víctima es Fred MacMurray, un vendedor de seguros con quien la mujer se compincha para cargarse a su marido y cobrar el dinero del seguro. Pero las cosas se torcerán, y para cuando MacMurray quiera enderezarlas, quizá sea ya demasiado tarde.
Al igual que volverá a demostrar posteriormente con peliculones como El crepúsculo de los dioses o Testigo de cargo, Billy Wilder, el maestro de la comedia, nos sumerge en la más absoluta de las tensiones y nos ata a la pantalla para obligarnos a presenciar una historia de decadencia, de vicio y de descenso a los infiernos de aquella corrupta sociedad que tan bien supo retratar el cine negro clásico.
La magistral dirección de Wilder queda patente desde el momento en que, a pesar de que el enamoramiento de Fred MacMurray por Stanwyck carece de toda lógica, al espectador no le importa lo más mínimo y pasa a quedar completamente hipnotizado por la tenebrosa luz negra que John F. Seitz se encargó de imprimir a la película y las imágenes que nos regaló Wilder en Perdición, toda una joya del séptimo arte.


sábado, 23 de julio de 2011

LA EVASIÓN, Jacques Becker (1960) [8,2/10]

Una de las películas que más desconocía y que a la vez es una de las obras más valoradas es la última película que dirigió el francés Jacques Becker, La evasión.


Basada en la novela de Jose Giovanni, La evasión sitúa la acción dentro de una cárcel francesa, en una de cuyas celdas los prisioneros traman una fuga. Con un estilo asombrosamente realista, favorecido en parte por los rostros desconocidos que ejercen de protagonistas, el director nos contará una historia de camaradería acerca de la belleza que reside en el camino hacia una meta, más que en la meta en sí.


La tensión lograda es de una calidad y perfección intachable, y Becker la sabe mantener en constante ascenso de una forma majestuosa. La larga duración de los planos en los que los presos lijan los barrotes o cavan hoyos, no hace sino aproximarnos aún más a esa celda, a respirar el cansancio y sentir el ansia de libertad con la que cargan los protagonistas, resultando La evasión casi un documental acerca del proceso que siguen cinco hombres para fugarse de una prisión.


Aparte del mencionado realismo, llama la atención cómo presenta el director la idea de la libertad. Cómo muestra a los personajes continuamente rozándola, acariciándola cada vez más, pero nunca llegando a agarrarla por completo, acercándonos así a la desesperación del preso, del que ha tenido el objeto deseado a su alcance pero, por una razón u otra, no ha podido o no ha querido hacerse con él aún.


martes, 19 de julio de 2011

TAXI DRIVER, Martin Scorsese (1976) [10/10]

Existen películas que son de toda una generación. Por ejemplo, está la gente que se crió con Tiburón, o que crecieron con La Guerra de las Galaxias, o que su existencia ha ido pareja a la de Martin McFly en la película de Regreso al futuro. Pero también, del mismo modo que una generación entera se adueña de una película y la hace suya para la posteridad, puede ocurrir que una película sea apropiada, no por toda una generación, sino por únicamente una sola persona. Así, no es raro ver a alguien cuya película es Amélie, o que es incapaz de ser objetivo a la hora de hablar de Titanic, o que si no fuese por Casino su existencia no tendría sentido. Para cada uno de esos individuos “su película” es la mejor de todas, y siempre lo será. De acuerdo, están El Padrino, El Padrino II, Ciudadano Kane, etc., pero “su película” tiene algo que la hace diferente a las demás, y que la dota de un encanto que tiene ella y sólo ella, por lo que la hace especial y única, aunque objetiva e históricamente no sea la mejor.


Lo confieso, yo también tengo “mi mejor película”, esa con la que no puedo ser objetivo ni aunque me paguen, esa con la que tuve amor a primera vista, de la que, por no sé qué razón, quedé prendado para siempre y se ha convertido en algo más que una película para mí. Me refiero a Taxi Driver, de Martin Scorsese.


¿Fue porque en el momento de verla estaba pasando por una etapa amorosa que guardaba cierta relación con los fracasos de Travis Bickle (Robert de Niro)? ¿Fue porque, sin quererlo, me identifiqué con aquel pobre diablo tan patéticamente solitario? ¿Fue porque sentía como una puñalada cada una de las miradas de miedo, incomprensión, lástima que le lanzaban los distintos personajes de la película? ¿O fue porque yo también veía en mi día a día cosas parecidas a las que veía Travis desde su taxi? No lo sé, pero el caso es que desde que ví cómo, ya al final de la película, Travis deja a Betsy (Cybill Shepherd) en su casa sin siquiera cobrarle la carrera y lanzándole una última mirada a través del retrovisor mientras se pierde en la noche neoyorquina y aparecen los títulos de crédito con la música de Bernard Herrmann de fondo, mi vida no ha vuelto a ser la misma.


Lo sé, soy consciente de ello. Travis Bickle es un fascista asqueroso, un indeseable al que ni siquiera yo mismo querría tener de vecino. Pero es que, por mucho que me pese, no puedo dejar de ver en ese veterano de Vietnam una pobre víctima de algo que le ha venido demasiado grande. La historia de Taxi Driver es la historia de alguien que no puede más con la cantidad de mierda que ve día sí, día también, y que, humildemente, arrima el hombro un poquito para tratar de hacer de la sociedad algo mejor. ¿Y cómo lo hace? Sacando a una niña prostituta (Jodie Foster) de la calle y devolviéndola a sus padres, para que vaya al colegio y se eduque como Dios manda. Así, por lo menos, logrará mantener la conciencia mínimamente limpia, reluciendo ligeramente entre tanta suciedad. Lo siento, pero me parece la historia más preciosa llevada jamás al cine.


El guión de Paul Schrader no es especialmente bueno, y la producción no es que sea lo más, y tampoco la dirección de Martin Scorsese. Ni siquiera la música de Bernard Herrmann me apasiona. Pero no sé qué es lo que me pasa con Taxi Driver, que es la única película que consigue la cuadratura del círculo y logra convencerme de que dos más dos pueden ser cinco. En Taxi Driver se dan una serie de elementos que, por separado, pueden tacharse hasta de mediocres (es broma, nada en Taxi Driver es mediocre, ¡por Dios!), pero todos juntos, conforman un todo que funciona a la perfección, y que se extiende como la pólvora hasta crear la gran obra maestra que es Taxi Driver. Una obra que algunos consideran un western urbano, y que ya desde hace tiempo viene reivindicándose como película de culto. Lo mío con esta película tiene más de emocional que de racional.

viernes, 15 de julio de 2011

DESAYUNO CON DIAMANTES, Blake Edwards (1961) [7,2/10]


En 1961, basándose en una novela de Truman Capote, Blake Edwards dirigió una de las películas que pasó a convertirse en uno de los iconos del cine americano y mundial. Nos referimos a Desayuno con diamantes.

En ella vemos a la mujer más guapa del mundo que ha caminado sobre la faz de la tierra, Audrey Hepburn, interpretar a Holly Golightly, una buscona amante de las joyas y el dinero que continuamente está a la caza de un ricachón a quien beneficiarse. No obstante, aparecerá en su vida el escritor Paul Varjak (George Peppard), y las cosas quizá empiecen a cambiar.

En Desayuno con diamantes nos encontramos ante una bastante correcta dirección, con unos grandísimos actores y una preciosa música de Henry Mancini que conforman un todo tan sumamente armónico y casi perfecto que llega incluso a disimular la falta de verosimilitud que rezuma la historia por los cuatro costados.

Y es que estamos ante un mito de la Historia del Cine en el que los personajes no evolucionan lo más mínimo, y cuando lo hacen, ocurre de manera rápida y disfuncional. ¿Porque qué es lo que le hace a Holly cambiar de opinión y de filosofía de vida al final de la película? ¿La parrafada que le suelta el bueno de Paul? Y esa es otra ¿cómo diablos puede alguien enamorarse de alguien como Holly? Estas serán sólo algunas de las preguntas que se irá haciendo al aventurero que decida echarle un vistazo a Desayuno con diamantes y que, lamentablemente, quedarán sin respuesta.

Sin embargo, la película funciona, deja una sensación grata. ¿Por qué? Quizá sea porque Hepburn era demasiado guapa, o porque Moon River es una de las canciones más bonitas que se han escrito, o porque, sencillamente, estas son las cosas que hace el cine americano, jugar con nosotros, engañarnos, y engañarnos bien. Hacer magia y fabricar sueños como nadie.


lunes, 11 de julio de 2011

UN TIPO SERIO, Ethan y Joel Coen (2009) [6,3/10]

Uno de los elementos que con más gusto se saborean a la hora de echarle un vistazo a Un tipo serio, de Joel y Ethan Coen, es su suave y ligeramente gris fotografía, la cual contribuye a crear una atmósfera tan amarga como insólita en la que se desenvuelve Larry Gopnik.
Interpretado magistralmente por Michael Stuhlbarg, un reconocido actor de Broadway, Larry lleva una aparentemente feliz vida, tranquilo, con su mujer y sus hijos. Sin embargo un buen día, como quien no quiere la cosa, todo se le empieza a torcer y se verá obligado a afrontar diversas situaciones que le harán la existencia verdaderamente agobiante.
Con un tono oscilante entre la comedia y el drama, la película parece hablar de la opresión a la que día a día es sometido el ciudadano de a pie por parte de los elementos que conforman su vida: religión, matrimonio, comunidad, familia, etc. Uno quiere pensar que, para ser feliz en una vida que le cansa, lo que quizá necesite sea mirar las cosas con otros ojos, con otra perspectiva, que le ayuden a tirar para adelante y seguir encontrando su sitio y su identidad.
Siendo sensiblemente densa en su trama aunque sin llegar al aburrimiento, Un tipo serio está más cerca del drama que de la comedia, y no precisamente porque conmueva, sino porque apenas hace gracia.

jueves, 7 de julio de 2011

KICK-ASS, Matthew Vaughn (2010) [6,4/10]

Una de las películas del año 2010 que mejor acogida encontró entre el público fue Kick-Ass de Matthew Vaughn.
Basada en una historia de cómic escrita por Mark Millar y John Romita Jr., la película nos presenta al típico joven de highschool estadounidense (Aaron Johnson), un friki no demasiado agraciado, ligeramente patoso con las chicas y acompañado siempre de sus dos amigos igual o más frikis que él. El protagonista, un apasionado de los tebeos de superhéroes, descubre que es precisamente eso lo que falta en el mundo, un superhéroe que ponga un poco de orden ante tanto abusón.
Sin ningún lugar a dudas, lo mejor de Kick-Ass es su realización, muy respetuosa con lo que cabría esperar de la adaptación cinematográfica de un cómic. Las transiciones entre escenas, los letreros a modo de leyendas, las salpicaduras de sangre y el sonido de los golpes son de una violencia elegantísima y sencillamente majestuosos.
La primera mitad de la película no despertó en mí el mayor interés, era una película de superhéroes bastante original, pero no me entusiasmó demasiado. No obstante, puedo decir sin temor a equivocarme que la segunda hora del filme resulta de lo más entretenida, con más escenas de acción, más cine en estado puro y mucha menos sensación de monotonía. La forma en que Hit Girl salva a Kick-Ass de ser quemado vivo sólo puede calificarse de brutal.
Kick-Ass es una película que no está mal, que ofrece un interesante discurso sobre la identidad y sobre lo que supone crearse una imagen en la digitalizada sociedad del siglo XXI a través de elementos como las redes sociales; pero que, lamentablemente, no llega a entusiasmar tanto como prometía en un inicio y decepciona ligeramente.

jueves, 30 de junio de 2011

EL PADRINO II, Francis Ford Coppola (1974) [9,4/10]

En 1974 Francis Ford Coppola volvió a hacer la mejor película de la Historia del Cine, la otra joya de la corona, la segunda parte de aquella obra maestra que sólo dos años antes había marcado un antes y un después en la Historia del Séptimo Arte, El Padrino.
En El Padrino II Coppola vuelve a basarse en la novela de Mario Puzo para contar, por un lado, la historia de Vito Corleone (Robert de Niro), sus orígenes y cómo fue ascendiendo poco a poco en la escala de la vida hasta convertirse en uno de los capos más influyentes de Norteamérica; y por otro, cómo su hijo Michael (Al Pacino) agarra el timón de la familia Corleone en un contexto en el que parece que el Imperio se viene abajo, y la familia empieza a peligrar. Las traiciones acechan, y cualquiera, aunque sea de dentro, puede venderse al mejor postor.
Es clara en esta segunda entrega la evolución que con respecto a la primera parte experimenta el personaje de Michael Corleone. Nos encontramos en El Padrino II con un Michael más maduro, más sólido y duro, quizá más terrorífico. Cada una de sus palabras corta el aire como un afiladísimo cuchillo, logrando Pacino generar una tensión que se mantiene incólume a lo largo de las más de tres horas que dura el filme.
Al igual que ya hiciera la primera parte, El Padrino II explica la sociedad en la que vivimos, explica cómo funciona el mundo de los negocios, cómo se asciende en la vida y quiénes lo hacen, cómo se relacionan las instituciones estatales con el crimen organizado y la importancia que tienen para el ser humano valores como la lealtad, la confianza, el honor o la venganza. En este sentido, la forma en la que Coppola retrata la relación entre don Vito Corleone y su hijo Michael sólo puede ser catalogada como una de las más tiernas y emocionantes de todos los tiempos, así como es destacable la importancia que adquiere la institución familiar en la trilogía entera de El Padrino.
Como apunte, y al hilo de lo que comentábamos de que El Padrino explica la sociedad, no puedo dejar de encontrar un tímido doble sentido en la escena de El Padrino II en la que, en el apartamento de Hyman Roth (Lee Strasberg) en La Habana, los diferentes jefes de las más grandes compañías norteamericanas se reparten una tarta en la que puede apreciarse un mapa de la isla de Cuba.