
Yo ya sabía de la existencia y conocía el argumento de la película de Susanne Biers, Hermanos, pero, no sé por qué razón, cuando vi anunciada Hermanos de Jim Sheridan no me acordé de ella, y he acudido al cine a ver la de Sheridan creyendo que iba a ver algo original, hasta que ha llegado la escena de la niña que no quiere abrazar a su padre porque se va a la guerra y me he acordado entonces de la de Biers. Ya sabía entonces lo que iba a pasar y he maldecido mi manía de no querer ver los tráilers.
La película habla de lo que la guerra puede llegar a hacer con un hombre. Nos enseña que en las guerras no sólo se muere de un balazo, sino que también matan sus secuelas psicológicas. Sam sobrevive a la guerra, pero cuando vuelve a casa no es la misma persona, aquella persona ya no está, ha muerto. Su mujer también es consciente de ello, y por eso lee la carta que le escribió él por si moría en la guerra.
Está perfectamente interpretada por Macguire la locura que puede experimentar un hombre que, habiendo estado secuestrado por los talibanes mientras defendía a su país, no ha sido el centro del mundo, y le han olvidado. A este respecto también llama la atención el espectacular cambio de Sam, no sólo en el plano psicológico, sino también en el físico: tras la guerra nos encontramos con un Sam delgaducho, con ojeras y débil.
Una de las cosas que menos me ha gustado ha sido la frialdad con la que la familia recibe a Sam. Se supone que ellos le creían muerto, y sin embargo está camino de casa. A efectos prácticos ha resucitado, como mínimo es para dar saltos de alegría en un mar de lágrimas de felicidad. Pues la película no me ha transmitido nada de eso.
Esta obra de Sheridan no está mal, aunque si he de ser sincero, de haber visto la película de Susanne Biers no hubiera acudido al cine a verla. Ahora tendré que ver la de Biers para decidir cuál es mejor de las dos.
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