
La relación entre Sun-hwa y Tae-suk recuerda en cierto modo a la que, en los años 60’, mantuvo una ama de casa de Iowa llamada Francesca con un fotógrafo de la National Geographic de nombre Robert Kincaid. En Hierro 3, al igual que en Los puentes de Madison, nos encontramos con un amor utópico, imposiblemente bello y hermoso, que, aún a pesar de haber sido corto o quizá precisamente por ello, permanece en nuestra memoria con tal nitidez que nos parece posible volver a vivirlo en cualquier momento. Que ese romance sea real o sea imaginario es lo de menos, porque lo cierto es que en Hierro 3, Kim Ki-duk cuenta las cosas de tal manera que parece que mezcla lo onírico y surrealista con lo real. Los personajes no articulan una sola palabra durante toda la película, logrando así el surcoreano una atmósfera que, junto con la característica puesta en escena, otorga al filme la infalsificable firma de Kim Ki-duk, y que le convierte en uno de los directores orientales más importantes de nuestro tiempo.
Kim Ki-duk repetirá argumentos en torno al amor en Time, como ya se ha visto en este blog, y un servidor está a la espera de ver más obras de este director para comprobar si en el resto de su filmografía esto sigue siendo así y se siguen contando tan bellas historias de forma tan metafórica, simbolista y apasionante.
La fotografía y la música aportan la guinda adecuada para que este pastel que es Hierro 3 sea de lo más exquisito para el espectador y quede fascinado por esta demostración (una más de tantas) de lo que los orientales saben hacer con una cámara.
Muy grata sorpresa del, para mi, "extraño" cine oriental
ResponderEliminar