
El último es una importantísima obra en la Historia del Cine por ser una de las primeras en hacer un uso narrativo del movimiento de la cámara. Para ello, el operador Karl Freund se colgaba la cámara del pecho o la enganchaba en el extremo de una escalera de incendios para lograr espectaculares travellings. Del mismo modo, la cámara se mete en ascensores y distorsiona la imagen, acercándonos así a las sensaciones que está experimentando en ese momento el personaje, genialmente interpretado por Emil Jannings. Éste se convertiría en uno de los actores más importantes de toda Alemania, y quedará para la posteridad su interpretación del profesor Unrath para El ángel azul de Josef Von Sternberg.
En El último de Murnau, Jannings interpreta al portero de un lujoso hotel que es el orgullo de su barrio por lucir tan galante uniforme. Sin embargo, un día recibe la noticia de que, debido a su edad, será degradado a limpiador de los servicios, diciendo adiós a su uniforme y por lo tanto a su orgullo.
La película pretende ser una crítica antimilitarista a la excesiva importancia que en la sociedad alemana de entonces se daba al uniforme. No obstante, parece ser que el propio Jannings convenció al director para que añadiese un epílogo donde se explicase que, más que el uniforme, lo que otorga orgullo y poder sobre los demás a un hombre es el dinero que posea.
Con una magistral interpretación de Jannings reflejada en esos expresivos primeros planos, El último emociona por hacer gala de un excelente uso de la cámara para transmitirnos pena, vergüenza o cualquier otro tipo de sentimiento que sea preciso transmitir a base de distorsiones y fundidos entre imágenes.
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