
La película cuenta la historia de Max (Sean Gullette), un marginado social con una capacidad increíble para los números empeñado en hallar la cifra que venga a explicar el orden del universo.
Lo más interesante del debut de Aronofsky, o por lo menos lo primero que llama la atención al ver su ópera prima, es su propuesta visual. Se nos muestra una contrastadísima imagen en blanco y negro, muy granulada, a través de innovadores planos conseguidos a partir de un peculiar uso de la cámara, que lo mismo es transportada al hombro que anclada al cuerpo de los personajes, acercándonos así el director más a ellos, situándolos aún más en el centro de la historia.
Siendo que la cinta quizá rezume en su temática cierta pedantería y pretenciosidad, podemos intuir en Pi (fe en el caos) reminiscencias del cyberpunk, pues asistimos a una sociedad informatizada en exceso y apocalípticamente impersonal, lo cual, junto con la cañera música techno de Clint Mansell, acerca relativamente el modo de hacer de Aronofsky al posmodernismo.
Con un peculiar, y en cierto modo efectista, uso del montaje bastante acosador, Pi (fe en el caos) también deja entrever cierta crítica social a un mundo globalizado y caótico que precisa de una explicación para el ciudadano medio, aunque quizá sea precisamente esa imposibilidad de conocerlo al detalle lo que lo hace sublime y digno de disfrutar.
A mi me gustó mucho la película. Es increíble tantas buenas ideas de Darren! Y la banda sonora es magnífica
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