
Bonnie y Clyde, de Arthur Penn, cuenta la historia de una pareja de ese tipo de atracadores que buscan recuperar lo que la Gran Depresión les ha robado a ellos. La película, un poco sobrevalorada quizá, posee su principal atractivo en situar el punto de vista en el lado de los oficialmente malos, para ver que, al fin y al cabo, son personas tan normales como cualquier ciudadano de a pie, que simplemente están recuperando lo que es suyo y que se identifican con el populacho. Parecido a Robin Hood, aunque salvando las distancias.
Digo que está sobrevalorada porque la relación entre Bonnie (Faye Dunaway) y Clyde (Warren Beatty) no se la cree nadie, y porque en el filme las cosas pasan demasiado rápido. Uno llega a dudar de si lo que está viendo en la pantalla es algo real o se trata simplemente de un sueño de alguno de los personajes. Hay escenas que no vienen a cuento, y la historia da la sensación más de una vez de no estar muy bien contada. La película es entretenida y se deja ver, aunque sin ninguna duda, lo mejor del filme es Faye Dunaway, que rebosa erotismo por doquier en todas las escenas en que aparece.
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