
Basada en la novela de Georges de La Fouchardière y repitiendo el mismo reparto que en La mujer del cuadro, Perversidad es un remake de La golfa de Jean Renoir que cuenta la historia de Chris (Edward G. Robinson), un solitario empleado de banca que conoce a Kitty (Joan Bennett), una mujer con la que parece que su suerte va a cambiar, pero únicamente lo parece.
El espectador asiste a una historia de dominación y humillación, en la que el patetismo lo inunda todo y desde el minuto uno sentimos compasión por el bueno de Chris, al que Robinson da vida de forma excelentemente profesional. La historia viene a decirnos que ningún crimen queda impune, que toda acción trae sus consecuencias, y que de una forma u otra, más tarde o más temprano, acabaremos pagando por nuestros pecados.
Perversidad es cine negro del bueno, que carece de detective, pero nos trae a una de las más terribles mujeres fatales que se recuerdan en una pantalla. Gracias a su espléndida puesta en escena y a su elegantísima fotografía negra, las imágenes de Perversidad nos cautivan desde el inicio, haciendo de la película una de las obras de cine negro que más me ha sobrecogido últimamente. No podía ser de otra forma, siendo el cine negro casi una consecuencia lógica del Expresionismo Alemán, y siendo Fritz Lang uno de los más grandes exponentes de dicho movimiento.
Perversidad es una obra maestra que debe verse.
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