lunes, 15 de noviembre de 2010

SONATA DE OTOÑO, Ingmar Bergman (1978) [7,9/10]

Eva (Liv Ullman) y Viktor (Halvar Björk) son un matrimonio que vive en la vicaría del pueblo del que Viktor es pastor. Con ellos vive Helena (Lena Nyman), hermana de Eva, quien padece una terrible enfermedad que le impide desplazarse por sí misma y articular palabra. Tras la muerte de Leonardo (Georg Løkkeberg), un amigo de Charlotte (Ingrid Bergman), la madre de Eva; ésta va a pasar unos días con su hija, a quien no ve desde hace siete años. Lo que empieza como un feliz reencuentro entre madre e hija desemboca en un duelo pasional donde errores del pasado vuelven a aflorar entre ambas, dando lugar a un emocionante drama que únicamente podía llevar la firma de un maestro del séptimo arte como es Ingmar Bergman.

El tema de la incomunicación, tan frecuente en el cine de Bergman, vuelve a salir a la palestra en Sonata de otoño, esta vez envolviendo la relación amor-odio entre una hija y su madre, cuyo éxito implica el fracaso de su hija. Esto se hace especialmente patente en el personaje de Helena, incomunicada con el mundo por definición, y además en una situación que no puede ser peor con respecto a la de su madre. Ingmar Bergman nos regala escenas sobrecogedoras donde toda la porquería que Eva estuvo tragando de niña para satisfacer a su egoísta y superficial madre rebosa, y estalla en forma de reproche y odio hacia Charlotte, poniendo al espectador los pelos de punta gracias a la genial interpretación del dúo Ullman-Bergman. Los larguísimos primeros planos cargados de emoción y tensión demuestran el buen hacer de esas dos maestras de la interpretación.
Del mismo modo, son ciertamente espectaculares esos flashbacks en los que aparece entre otras cosas, en una disposición prácticamente teatral, Eva de niña, así como los silencios ensordecedores con los que el director nos obsequia en alguna que otra ocasión (véase la escena del piano).

Como es habitual en las películas del genio sueco, nos volvemos a encontrar con el mismo elenco de actores que en otras películas suyas, como es el caso de Erland Josephson (en el papel del padre de Eva) y Gunnar Björnstrand (como el agente de Charlotte), si bien su participación apenas se reduce a unos minutos. Del mismo modo, vuelve a estar al mando de la fotografía Sven Nykvist, quien ya se había estrenado en el color con Bergman en Pasión, y que al igual que entonces realiza un majestuoso trabajo de iluminación, especialmente en las escenas de la cama de hospital sobre la que Leonardo reposa.

Sabiendo que Sonata de otoño pertenecía a la última etapa de la filmografía de Ingmar Bergman, me dispuse a ver la película con la guardia alerta, especialmente tras haberle echado un vistazo a Gritos y susurros y Secretos de un matrimonio, películas también de esta etapa que más de uno podría tildar de coñazo insufrible. Cuál fue mi sorpresa cuando me encontré con esta preciosidad que atrapa y toca en lo más profundo del corazón, especialmente si uno conoce en su propia existencia casos similares o parecidos al que se plantea en Sonata de otoño.


2 comentarios:

  1. Curioso pocionamiento del director sueco que parece dar un giro conservador en la meca de la socialdemocracia, quizaás por su propio desencanto personal. Por otra parte, merece la pena verla en versión original para apreciar la magnifica interpretación de las dos protagonistas.

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