
La película es una obra atemporal en el sentido de que transmite una nostalgia de tal envergadura que puede ser sentida por cualquier persona de cualquier época. Pena y lástima es lo que sentimos al ver a la que en otro tiempo fue la gran Norma Desmond (Gloria Swanson) seguir inmersa en su ficticio mundo donde sigue siendo una gran estrella aún adorada por el público.
La película está cargada de elementos que vienen apoyando esa especie de crítica que Wilder hace al cine sonoro a través de Norma Desmond, como por ejemplo ésta es golpeada levemente por un micrófono en un rodaje, o cuando vemos cómo dos rubias están riéndose sin motivo aparente mientras hablan por teléfono, instrumento puramente sonoro y nada visual, por otra parte.
Aparte de la más que placentera sensación que supone ver al dúo Swanson-Holden sujetando los papeles principales, es tanto más gratificante contemplar cómo otros dinosaurios de la talla de Eric von Stroheim, Buster Keaton o Cecil B. DeMille entre otros, desfilan por la pantalla. Los pelos del brazo no pueden a uno sino erizársele, y la obra invita además a investigar acerca de la historia del cine.
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